En una ciudad donde el subte debería ser sinónimo de progreso y eficiencia, la estación Medrano de la Línea B se convirtió en el escenario de una brutal pesadilla. Ángela Molina, una mujer venezolana de 41 años, vio su vida cambiar para siempre cuando, al intentar abordar el tren, quedó atrapada por las puertas y fue brutalmente arrastrada, sufriendo heridas horribles. El resultado: la amputación de su pierna derecha. Esto no es solo un accidente, es un grito desgarrador que exige respuestas y justicia ante la desilusión de un sistema que prometía seguridad.
Imaginen el terror en los ojos de Ángela, la desesperación de su hija al ver a su madre atrapada, los gritos ahogados en el estruendo del tren que no se detenía.
El Testimonio de Gregorio: Un Sistema Fallido
No hubo manera de detenerlo. Mi hija logró entrar al vagón, pero ella no pudo pasar. Se quedó medio atrapada con las puertas y el subte arrancó igualmente.
Un relato que revela la negligencia imperdonable de un sistema que falló en su deber más básico: proteger a sus pasajeros.
Una Línea en Crisis: Incidentes Alarmantes
La tragedia de Ángela no es un caso aislado. Semanas atrás, un hombre de 80 años fue peligrosamente atropellado por una formación en la estación Tronador, sobreviviendo milagrosamente con graves lesiones. Dos incidentes en la misma línea, en un lapso de tiempo alarmantemente corto, señalan una creciente inseguridad en la Línea B.
La Negligencia de Emova: ¿Hasta Cuándo?
La respuesta de Emova ante la tragedia de Ángela se siente como un insulto a su dolor. En un escueto comunicado, se limitaron a señalar que la pasajera ‘intentaba subir a una formación tras el anuncio sonoro de cierre de puertas’. ¿Es esta la justificación para la amputación de una pierna? ¿Acaso los protocolos de seguridad se activaron correctamente? ¿O estamos ante una cadena de negligencias que permitieron que un tren arrancara con una persona atrapada, arrastrándola brutalmente?
Lo llamativo acá es o la negligencia o la imprudencia que no se frenó.
Una acusación directa a quienes operaban el sistema en ese momento, señalando la falta de reacción ante una situación de emergencia que exigía una respuesta inmediata. Pero, ¿quiénes son los responsables? ¿El conductor? ¿Los supervisores? ¿O la propia empresa, que no invierte lo suficiente en seguridad y mantenimiento?
Un Sistema en Crisis
La Línea B del subte porteño, una de las más utilizadas de la ciudad, ha sido objeto de críticas constantes por su falta de mantenimiento, la antigüedad de sus formaciones y la frecuencia de los incidentes. Los usuarios denuncian puertas que no cierran correctamente, frenos defectuosos y una señalización deficiente.
Estos problemas, sumados a la falta de personal y la sobrecarga de pasajeros en las horas pico, crean un cóctel explosivo que pone en riesgo la integridad física de quienes utilizan este medio de transporte.
Pero la crisis del subte no es solo un problema técnico, es también un reflejo de la desidia política y la falta de inversión en infraestructura pública. Durante años, el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires ha priorizado otros proyectos, relegando el mantenimiento y la modernización del subte a un segundo plano. El resultado: un sistema de transporte que se cae a pedazos, donde la seguridad de los pasajeros es un lujo y no una garantía.
La Exigencia de Justicia y Reparación
La tragedia de Ángela no puede quedar impune. Es imperativo que la justicia investigue a fondo lo ocurrido, determine las responsabilidades y castigue a los culpables. Pero la justicia no se limita a una sentencia judicial, implica también una reparación integral para la víctima y su familia.
Un resarcimiento económico que les permita afrontar los gastos médicos, la rehabilitación y las consecuencias psicológicas de este trauma. Pero, sobre todo, una reparación moral que les devuelva la confianza en un sistema que les falló de la manera más cruel.
Esto no debería haber pasado y esperamos que no le suceda a más personas.
Un ruego que se convierte en una exigencia: es hora de que las autoridades tomen medidas concretas para garantizar la seguridad de todos los usuarios del subte. Invertir en mantenimiento, modernizar las formaciones, capacitar al personal y reforzar los protocolos de seguridad son acciones urgentes que no pueden esperar más.
- Instalación de sensores de movimiento en las puertas que impidan el cierre si hay un obstáculo.
- Cámaras de seguridad en todos los andenes que permitan supervisar el embarque y desembarque de pasajeros.
- Personal de seguridad en las estaciones durante las horas pico para controlar el flujo de pasajeros y evitar aglomeraciones.
- Campañas de concientización sobre el uso correcto del subte y los riesgos de intentar subir al tren con las puertas cerrándose.
- Revisiones periódicas de las formaciones para detectar y corregir fallas en los sistemas de seguridad.
El Subte que Queremos
No queremos un subte donde subir al tren sea una ruleta rusa, donde la negligencia y la desidia se cobren vidas y mutilen sueños. Queremos un subte seguro, eficiente y accesible para todos. Un subte que nos transporte hacia un futuro mejor, no que nos arrastre hacia el abismo.
La tragedia de Ángela debe ser un punto de inflexión, un llamado a la acción que nos impulse a construir el subte que merecemos. Un subte donde la seguridad sea una prioridad, la justicia una realidad y la esperanza un motor que nos impulse a seguir adelante.
Porque, como dice Gregorio, ‘esperamos que ella se recupere. El trauma, por supuesto, va a ser muy grande, no solamente físico. Nuestros deseos de que ella se mejore y que tengan justicia’. Un deseo que compartimos todos los que creemos en un país donde la vida humana es el valor más sagrado.