“¿Murió un comediante? Quedó un testigo”, decía Pablo Montagna. Pero Toti Ciliberto fue mucho más que eso. Un hombre que con su humor irreverente, supo conquistar a un país, pero que también batalló contra sus propios demonios. Hoy, lo recordamos con una sonrisa, recordando al ícono de VideoMatch, pero también al ser humano que se reinventó y encontró la paz tras la tormenta.
La inesperada partida del ‘Riquelme’ de la risa
La noticia sacudió al mundo del espectáculo. Salvador ‘Toti’ Ciliberto, a los 63 años, nos dejaba tras una hemorragia interna seguida de un paro cardíaco. La confirmación llegó de su amigo Larry de Clay, con la voz quebrada por el dolor.
“Estoy destrozado. Se lo iban a llevar para otro lado para hacerle unos estudios más complejos. No sé qué pasó, por qué no lo llevaron”, lamentó Larry.
Rosita Speratti, esposa de Larry, agregó detalles sobre las últimas horas: ‘Analía, su actual mujer, me escribió a ver si podíamos darle una mano porque Toti estaba internado en el Thompson en San Martín y allí no tenían la aparatología necesaria para hacerle unos estudios’. La situación se complicó y el traslado no se realizó.
VideoMatch: El trampolín a la fama
Toti Ciliberto irrumpió en la escena nacional en los años 90, gracias a Marcelo Tinelli y VideoMatch. Su histrionismo, su capacidad para transformarse y su humor desbordante lo convirtieron en un ídolo.
Recordemos al ‘Riquelme’, al boxeador, al gaucho… personajes que quedaron grabados en la memoria colectiva. Pero antes de la televisión, Toti era profesor de educación física y un apasionado del teatro alternativo.
‘VideoMatch fue una escuela, una oportunidad única’, reconoció Toti en varias entrevistas. Allí aprendió a improvisar, a conectar con la gente, a hacer reír sin necesidad de recurrir a golpes bajos.
Cuando la risa se enfrentó a la oscuridad
Pero la vida de Toti no fue un camino de rosas. Detrás de la máscara del comediante, se libraba una dura batalla contra la adicción. ‘Estuve muy comprometido con una adicción fuerte y fue muy difícil’, confesó a Gastón Pauls.
La cocaína, presente en su vida desde antes de la fama, se convirtió en una vía de escape. El éxito, las giras, la presión, agravaron su adicción. Toti vivía una doble vida: en cámara, el humorista; fuera, el hombre roto.
El testimonio de Gastón Pauls
En una entrevista reveladora con Gastón Pauls, Toti describió el infierno de la adicción y el arduo camino hacia la recuperación. Su testimonio es un faro de esperanza para quienes luchan contra este flagelo.
La fe como tabla de salvación
La familia, los hijos, el apoyo de su exmujer y, sobre todo, la fe, fueron su salvación. ‘Si no me sacaba el Señor, yo nunca hubiera salido de ahí’, admitió. La espiritualidad lo rescató de la oscuridad, permitiéndole dejar las drogas y comenzar un nuevo camino.
Toti, el transformador: El legado de un hombre reinventado
Tras superar la adicción, Toti se reinventó. Regresó a la televisión, participó en proyectos teatrales y encontró un nuevo propósito en el teatro comunitario, sumándose al proyecto pedagógico de Pepe Soriano y ofreciendo clases gratuitas de actuación.
‘Más que actuar, les enseñaba a estar bien consigo mismos’, contó uno de sus alumnos. Toti quería transmitir su experiencia, ayudar a otros a superar sus problemas.
Con su banda ‘Toti y los Cilibertos’, recorrió escenarios del interior con un show que fusionaba rock, humor y testimonio. Su vida, una tragicomedia con final esperanzador, se convertía en inspiración para otros.
Hoy, despedimos al comediante, al ícono, al hombre que nos hizo reír. Pero también celebramos al ser humano que venció sus demonios y halló la paz en el amor de su familia y en la fe. Su legado perdurará en sus personajes, sus canciones y en el corazón de quienes lo conocieron y admiraron.
Su familia lo describe como un hombre nuevo, recuperado, transformado, sereno. Lo lloran sus hijos, sus alumnos, sus amigos. Lo llora un país que lo invitó a sus hogares cada noche, sin saber que tras la pantalla, había un hombre luchando por no apagarse. Adiós, Toti. Tu risa seguirá resonando en nuestros corazones.