En Argentina, el accidente cerebrovascular (ACV) es una amenaza silenciosa que afecta a 55.000 personas cada año. La falta de acceso oportuno a la atención médica adecuada se traduce en secuelas devastadoras para miles de pacientes y sus familias. Cada minuto que pasa sin tratamiento luego de un ACV implica la pérdida de dos millones de neuronas, lo que resalta la urgencia de implementar redes de atención rápida y eficiente en todo el país. Este artículo analizará la situación actual, las desigualdades regionales y las buenas prácticas que podrían implementarse para salvar vidas y mejorar la calidad de vida de los pacientes.
La urgencia de las redes de atención rápida
La clave para reducir la morbilidad y mortalidad asociada al ACV reside en la rapidez del diagnóstico y el tratamiento. Especialistas del XXVI Congreso Iberoamericano de Enfermedad Cerebrovascular, celebrado en Bogotá, Colombia, recalcaron la importancia de estas redes, que funcionan como sistemas organizacionales para identificar, derivar y tratar los casos de ACV de manera eficaz. Estas redes deben incluir una identificación temprana de síntomas a través de campañas de concientización pública, protocolos para la derivación rápida de pacientes a centros especializados, acceso inmediato a tomógrafos computarizados, la capacidad de realizar trombolisis o trombectomía mecánica, y la posibilidad de recurrir a la telemedicina para atender regiones aisladas. Todo esto, sustentado por personal médico y paramédico debidamente capacitado.
El 85% de los ACV son isquémicos, es decir, causados por la obstrucción de un vaso sanguíneo que irriga el cerebro. Estos ACV son tratables en sus primeras horas con trombolisis, un medicamento que disuelve el coágulo, o con trombectomía mecánica, un procedimiento mínimamente invasivo que extrae el coágulo. Sin embargo, la ventana de tiempo para estos tratamientos es muy limitada, lo que realza la necesidad de una rápida respuesta y la eficiencia de las redes.
Desigualdades en el acceso a la atención
Lamentablemente, el acceso a estas redes de atención rápida para ACV es desigual en Argentina. Mientras que algunas provincias como Buenos Aires han desarrollado redes integrales que clasifican hospitales en tres niveles según sus capacidades (desde estabilización inicial hasta tratamiento completo con trombectomía mecánica), otras regiones carecen por completo de tales estructuras. En Buenos Aires, hospitales como el General San Martín en La Plata y el Eva Perón en San Martín, junto con otras instituciones en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, ya disponen de unidades especializadas con tomógrafos y personal interdisciplinario capacitado.
En Córdoba, se ha implementado una red provincial que garantiza diagnóstico y tratamiento oportuno a través de protocolos estandarizados y formación continua del personal sanitario. Mendoza también posee una red interinstitucional, Salta cuenta con una innovadora red de Tele-ACV para zonas remotas, mientras que Tucumán posee un programa provincial desde 2018. Neuquén, a través de la Ley N° 3263, se destaca por haber sido la primera provincia en el país en garantizar el acceso a la prevención, diagnóstico y tratamiento del ACV, creando incluso un registro de pacientes y establecimientos sanitarios especializados.
Sin embargo, en otras jurisdicciones la situación es crítica. La falta de inversión, la escasez de personal capacitado y la precaria infraestructura sanitaria obstaculizan la creación y desarrollo de redes de atención rápida para ACV. Esto conduce a resultados desfavorables para los pacientes afectados, aumentando la tasa de mortalidad y la cantidad de secuelas permanentes que dejan a muchas personas con discapacidades funcionales a largo plazo, generando una importante carga para las familias y el sistema de salud.
Ejemplos de buenas prácticas internacionales
La experiencia de Bogotá, Colombia, como fue expuesta en el Congreso, es reveladora. La implementación de una red de atención integral incrementó significativamente el porcentaje de pacientes que reciben tratamiento a tiempo, pasando de un 15% a una cifra mayor. Sin embargo, incluso en contextos con redes consolidadas, subsisten desafíos como la falta de ambulancias suficientes o la dificultad en la cobertura por parte de los sistemas de salud. Este ejemplo remarca la necesidad de una planificación integral y una inversión sostenida en todos los recursos necesarios para garantizar una atención médica eficaz.
Experiencias en otros países demuestran la importancia de coordinar esfuerzos entre el gobierno, las instituciones de salud, el sector privado y la comunidad. Campañas educativas que faciliten la identificación de los síntomas del ACV (debilidad o entumecimiento facial o corporal, dificultad para hablar o entender, alteraciones visuales, pérdida de equilibrio y dolor de cabeza repentino e intenso), además de crear conciencia sobre factores de riesgo como la hipertensión arterial, la diabetes y el tabaquismo, constituyen una estrategia fundamental para la reducción de casos. La experiencia colombiana, con sus logros y sus limitaciones, deja una lección importante: construir redes eficientes requiere una inversión sostenida, planes de capacitación de profesionales y voluntad política para combatir la fragmentación del sistema.
El costo de la inacción
El impacto económico del ACV es significativo. El tratamiento en un centro especializado puede costar alrededor de 5000 dólares, pero el cuidado a largo plazo de los pacientes con secuelas puede multiplicar esa cifra por diez o más. Por lo tanto, la inversión en redes de atención rápida para ACV representa una estrategia de costo-beneficio altamente efectiva, tanto desde una perspectiva económica como humana. Se trata de optimizar recursos para prevenir situaciones que pueden generar un enorme gasto público y, más importante, reducir el sufrimiento y la pérdida de calidad de vida de miles de argentinos.
Un compromiso colectivo
La creación de redes de atención rápida para ACV en Argentina es un desafío crucial que demanda un compromiso colectivo. El Estado, las instituciones sanitarias, el sector privado y la sociedad en su conjunto deben unirse para implementar políticas efectivas de prevención, diagnóstico y tratamiento temprano. Esto incluye la inversión en infraestructura, capacitación profesional, desarrollo de tecnologías como la telemedicina, y la implementación de campañas de concientización masiva. Solo a través de un esfuerzo conjunto podremos reducir el impacto devastador del ACV y mejorar significativamente la calidad de vida de quienes padecen esta enfermedad.
Para que Argentina avance hacia una atención integral y equitativa para los pacientes con ACV, es fundamental que se priorice la inversión en infraestructura, recursos humanos y tecnología, junto con la creación de una cultura de prevención y la promoción de hábitos de vida saludables.