Córdoba ha perdido a uno de sus faros creativos. Pablo Dellatorre, el arquitecto que dinamizó la escena gastronómica de la ciudad, falleció este martes tras una valerosa batalla contra el cáncer. Su partida deja una honda huella en el mundo del diseño y la arquitectura, pero su legado inmortal vive en cada rincón, en cada espacio que él concibió con inagotable pasión y desbordante creatividad.
Un Alma Nómada, Un Espíritu Inquieto
Nacido en la vibrante Buenos Aires, Pablo eligió Córdoba como su hogar, una ciudad que abrazó su talento y donde sembró una huella indeleble. Desde joven, su alma nómada lo impulsó a explorar el mundo, descubriendo en Europa una pasión que definiría su obra: la gastronomía. Para Dellatorre, diseñar espacios gastronómicos trascendía la mera profesión; era una forma de conectar con las personas, de tejer experiencias que superaran lo funcional.
En una entrevista de 2016, Dellatorre confesó que su trabajo en la gastronomía era una extensión natural de su amor por el buen comer y el buen beber. Con esa misma devoción, fue cincelando lugares que se erigieron como referentes, puntos de encuentro donde la excelencia culinaria y el diseño se entrelazaban para dar vida a atmósferas incomparables.
El Arquitecto que Revitalizó Barrios
Dellatorre no se limitó a diseñar restaurantes, bares y cafeterías; fue un catalizador que revitalizó barrios enteros. Sus primeras obras, como Cundeamor en barrio Jardín, Bar Adentro en barrio Güemes y Rincón Nuestro en Urca, fueron pioneras en zonas que, gracias a su visión audaz, se transformaron en codiciados polos gastronómicos. Poseía el don de vislumbrar el potencial latente, creando espacios que atraían a la gente y dinamizaban el entorno urbano.
Su legado arquitectónico se extiende a lo largo y ancho de la ciudad, desde Kantine y Wollen en barrio Jardín, hasta Manjatu Pastas y Pizzería Popular en la calle Luis de Tejeda. Cada uno de estos sitios lleva su impronta, su estilo distintivo que fusionaba la estética con la funcionalidad, el arte con la vida cotidiana. En barrio Güemes, la creación de la Galería Barrio marcó un antes y un después, un espacio que congregó diseño, arte y gastronomía en un crisol de creatividad.
Matorral: Un Canto a la Naturaleza y al Espíritu
Una de sus últimas y más impactantes creaciones fue el restaurante Matorral, en el Cerro de las Rosas. Con un diseño que invocaba la naturaleza y materiales integrados al entorno, este lugar reflejaba la sensibilidad artística de Pablo y su compromiso inquebrantable con el medio ambiente. En Matorral, Dellatorre rindió homenaje a “el Nido”, una casa emblemática que él había diseñado cerca de Potrero de Garay y que fue devastada por los incendios de 2021. Este gesto sublime demostraba su capacidad para transformar la adversidad en inspiración, para esculpir belleza desde la memoria.
“Nuestro éxito reside en hacer extraordinariamente bien las cosas pequeñas. No construimos grandes edificios, pero aggiornamos rincones de la ciudad. Como la vida está hecha de pequeños momentos de felicidad, la ciudad vibra con estos pequeños rincones.”
Más Allá de la Arquitectura: Las Voces del Alma
Para Dellatorre, la arquitectura trascendía la mera construcción de edificios; se trataba de crear escenarios para la vida, espacios donde floreciera la felicidad. Se definía a sí mismo como un creador de atmósferas, un alquimista de espacios destinados al descanso, al trabajo y al esparcimiento. En esa búsqueda constante, nunca olvidaba las necesidades del alma, esas que palpitan más allá de lo funcional.
En sus propias palabras, lo seducía más la esfera del arte que la de la tecnología en la arquitectura. Imprimía más sentimiento que pensamiento en cada proyecto, buscando plasmar un horizonte, no un blanco concreto. Así concebía la arquitectura: como un arte capaz de emocionar, inspirar y conectar a las personas.
Dellatorre poseía una habilidad innata para conectar con el entorno, para interpretar las necesidades del barrio, la zona o el mercado. Trabajaba con libertad creativa, pero sin anteponer su ego al encargo. El proyecto era para el cliente, para quienes habitarían ese espacio. Su generosidad y compromiso con el otro eran pilares de su esencia.
El Adiós de Sus Colegas: Un Eco de Admiración
La noticia de su partida provocó una profunda congoja en el mundo de la arquitectura, el diseño y la gastronomía cordobesa. Colegas, amigos y admiradores lo despidieron con mensajes rebosantes de afecto y reconocimiento, ensalzando su talento, su generosidad y su capacidad para inspirar a otros.
Gonzalo Viramonte, colega y socio de Dellatorre, le dedicó un emotivo mensaje en redes sociales: “Alguna vez pude sentir el aroma de la arquitectura en tus obras. Ese olor imborrable que hoy inunda Córdoba. Un artista excepcional que le sacó chispas a la vida y se las contagió a muchos. Un ser único, con un legado inmenso. Un creador de talentos que siempre nos impulsó a crecer. Te extrañaremos porque, aunque tu obra es inmensa, tu persona era aún más grande”.
Estas palabras reflejan el sentir unánime: la admiración por un arquitecto que trascendió su profesión para convertirse en un creador de experiencias, un transformador de espacios, un artista que insufló vida a la ciudad.
A Pablo Dellatorre lo sobreviven su esposa Mar y sus hijas Juani y Toti, quienes atesorarán con orgullo el legado de un hombre que dejó una huella imborrable en el corazón de Córdoba.
Invitamos a nuestros lectores a compartir sus experiencias y recuerdos de Pablo Dellatorre y sus espacios en la sección de comentarios. Si deseas explorar iniciativas que promueven el diseño y la arquitectura innovadora en Córdoba, te invitamos a visitar [enlace a organizaciones o iniciativas].