¿Milei contra la Corte? El pulso por la independencia judicial está en su punto más crítico. En una sesión que quedará marcada en la historia, el Senado de la Nación ha confrontado directamente al gobierno de Javier Milei, rechazando los pliegos de Manuel García-Mansilla y Ariel Lijo, sus candidatos para la Corte Suprema. Pero, ¿es esta victoria una señal de esperanza o solo el preludio de una batalla aún mayor por el control del Poder Judicial? ¿Hasta cuándo permitiremos que la sombra del autoritarismo se cierna sobre la República?
El intento de cooptación: un ataque a la democracia
Desde su llegada al poder, el gobierno de Milei ha demostrado una inquietante tendencia a concentrar el poder en el Ejecutivo, marginando al Congreso y buscando someter al Poder Judicial. La designación de magistrados para la Corte Suprema, un proceso que demanda consenso político y respeto irrestricto a la Constitución, se ha convertido en un campo de batalla. ¿Estamos ante una estrategia deliberada para debilitar las instituciones y silenciar las voces disidentes?
El intento de imponer candidatos a través de un decreto, ignorando el debate parlamentario, no solo socava la independencia judicial, sino que abre la puerta a un futuro incierto. ¿Qué garantías tenemos de que el gobierno respetará las leyes si no puede cumplir con los procedimientos básicos para nombrar jueces? Ninguna. Este accionar autoritario exige una respuesta contundente de la sociedad, una movilización en defensa de los pilares de nuestra democracia. ¿Permitiremos que la historia juzgue esta era como el principio del fin de la República?
La jura ‘en comisión’: una maniobra inaceptable
El caso de Manuel García-Mansilla es un claro ejemplo de la desfachatez con la que opera el gobierno. A pesar del rechazo de su pliego, insisten en mantenerlo en el cargo, invocando una jura ‘en comisión’ basada en un decreto del Ejecutivo. ¿Es este un acto de legalidad o una provocación flagrante al pueblo argentino? ¿Acaso creen que la Constitución es un mero adorno que pueden manipular a su antojo?
La figura de la jura ‘en comisión’, de dudosa legitimidad jurídica, nunca debió ser utilizada para designar jueces de la Corte Suprema. Al recurrir a este artilugio, el gobierno de Milei evidencia su desprecio por las instituciones y su determinación de imponer su voluntad por encima de la ley. ¿Hasta cuándo toleraremos esta burla a la Carta Magna? Es hora de alzar la voz y exigir el respeto irrestricto a la Constitución, el contrato social que nos une como nación. ¿Estamos dispuestos a ceder ante este atropello o lucharemos por defender nuestros derechos?
La sombra de la complicidad política
Si bien el Senado rechazó los pliegos de García-Mansilla y Lijo, no podemos ignorar la vergonzosa complicidad de ciertos sectores políticos con el gobierno de Milei. La ausencia de senadores del PRO y la UCR, que habían prometido su presencia, facilitó la maniobra del oficialismo. ¿Es esta una muestra de lealtad a la patria o una traición a los principios democráticos que juraron defender?
Estos senadores, que se autodenominan opositores, están jugando el juego del gobierno, permitiendo que avance con su agenda autoritaria. La sociedad exige una explicación y una rendición de cuentas por esta traición a la democracia. ¿Serán capaces de mirar a los ojos a sus votantes y justificar su inacción? ¿O se esconderán tras excusas vacías, temerosos de enfrentar la ira del pueblo?
Cooptación judicial: el principio del fin
Imaginemos un futuro donde la Corte Suprema responde a los dictados del Poder Ejecutivo, donde los derechos de los ciudadanos son pisoteados y la impunidad se convierte en la norma. ¿Suena a una pesadilla? Pues es la realidad que nos espera si permitimos que el gobierno de Milei se salga con la suya. ¿Estamos dispuestos a entregar nuestro destino a manos de un régimen autoritario?
Expertos en derecho constitucional advierten sobre las graves consecuencias de tener una Corte Suprema cooptada: leyes injustas, persecución política y un retroceso en materia de derechos humanos. ¿Es este el legado que queremos dejar a las futuras generaciones? La respuesta está en nuestras manos. La defensa de la independencia judicial es una tarea urgente, un deber moral que no podemos eludir.
¿Qué podemos hacer para frenar este avance autoritario?
- Informarnos y difundir la verdad sobre lo que está ocurriendo.
- Movilizarnos y participar en las protestas y manifestaciones.
- Exigir a nuestros representantes que defiendan la Constitución y la independencia judicial.
- Apoyar a las organizaciones y colectivos que luchan por la defensa de la democracia.
La historia nos enseña que la resistencia ciudadana puede lograr cambios profundos. Recordemos los ejemplos de aquellos que se enfrentaron a regímenes autoritarios y defendieron la libertad con valentía. ¿Seremos nosotros los héroes de nuestra propia historia? El momento de actuar es ahora. No podemos permitir que nos arrebaten nuestros derechos y nuestras libertades. ¡La democracia está en juego!