¿Qué significa recordar? En San Andrés de Giles, la respuesta resuena en cada antorcha encendida, en el abrazo silencioso de campos verdes bañados por un sol melancólico. Aquí, la vigilia por Malvinas no es solo un ritual, sino un lazo que une a veteranos, familias y jóvenes, desafiando el olvido en un país que aún siente la herida abierta de la guerra.
Adriano Espinosa, cronista de esta noche especial, observa desde la plaza Julio Saraví. No es un mero espectador, sino un narrador que busca la esencia de este encuentro. Camina, escucha, siente la emoción que palpita en el aire, listo para transformar esta experiencia en palabras que toquen el alma de cada lector.
San Andrés de Giles: Un pueblo iluminado por la memoria de Malvinas
Al caer la tarde, la plaza se viste de otro color. 649 antorchas, cada una un homenaje a un héroe caído en las islas, se encienden, creando un halo de luz y sombra que invita a recordar. El silencio se alza como un monumento, más imponente que cualquier estruendo, mientras los rostros se iluminan con el resplandor de las llamas, marcados por el tiempo y las cicatrices de la guerra.
A las cero horas del 2 de abril, el himno nacional resuena a capela. Voces unidas en un canto que nace desde lo más profundo, el mismo himno que retumbó en las islas, en medio del frío y la incertidumbre, un grito de identidad y pertenencia que estremece.
Los veteranos, con sus medallas como testimonio de su valentía, se abrazan, se reconocen en la mirada del otro, en el silencio que comparten. Son parte de un legado, una memoria que debe trascender generaciones. Los hijos y nietos, con la bandera de ‘Malvinas Volveremos’, son la promesa de que la llama de la memoria jamás se apagará.
Francisco Luna: El Artefacto de la Memoria
Entre los puestos y las exposiciones, Adriano se encuentra con Francisco José Luna, veterano y artillero en Darwin, quien desde hace tres décadas lleva su museo itinerante a las escuelas. Su convicción es que los objetos pueden narrar la historia con más fuerza que las palabras.
“Para mí, Malvinas es todo”, confiesa Luna, con los ojos inundados de emoción. Un legado que trasciende su vida, pues sus hijos, Juan Manuel y Facundo, tienen la misión de llevar sus cenizas a Pradera del Ganso. Su último deseo, su forma de permanecer en las islas que marcaron su destino.
Voces de la Guerra: Poesía y Reencuentros
Adriano se acerca a un grupo de veteranos reunidos en una confitería. Allí está Ernesto Peluffo, subteniente correntino que escribe poemas para honrar a los caídos. Su voz tiembla al recitar “Heroico soldado de Malvinas”, un poema que desata un mar de lágrimas entre los presentes.
Víctor Hugo “Chuly” Rodríguez, teniente primero, recuerda cómo instruyó a sus soldados antes de partir a las islas. Anécdotas que se entrelazan entre risas y silencios, historias de heridas y alegrías compartidas, un vínculo indestructible que solo ellos pueden comprender.
José Campos: El Muralista de Malvinas
En otro rincón de la plaza, José Campos, “el soldado muralista”, plasma su arte en un cuadro. Sus obras, donde el soldado argentino siempre está de pie, en posición de combate, son un grito de memoria. “Duele recordar, pero más duele olvidar”, afirma Campos, cuyo arte es un tributo a sus compañeros caídos.
Adriano observa a Campos con admiración, entendiendo que cada uno encuentra su forma de sanar las heridas de la guerra. Poemas, museos, cuadros… Lo esencial es no silenciar, no olvidar, mantener viva la llama de Malvinas.
El Legado: Hijos de Héroes Iizando la Bandera
El clímax de la noche llega con el izamiento de la bandera, un acto solemne protagonizado por Santiago Martella, Leandro de la Colina, Ezequiel Martel y Carlos Pereyra, hijos de caídos en Malvinas. Sus rostros, reflejo del orgullo y el dolor, son la prueba de que el legado de sus padres sigue vivo en las nuevas generaciones.
Un nudo en la garganta embarga a Adriano al ver a estos jóvenes izar la bandera con tanta solemnidad. Ellos son el futuro, la esperanza de que Malvinas no sea solo un recuerdo, sino un proyecto de país, una deuda pendiente que debe ser saldada con memoria y justicia.
Malvinas: Un compromiso eterno
La vigilia llega a su fin, y Alberto Puglielli, veterano del Regimiento 6 y alma mater de este encuentro, agradece a todos por su presencia. La multitud se dispersa, llevando consigo la llama de la memoria. Adriano se despide de los veteranos, con la promesa de difundir su historia.
Adriano reflexiona sobre la noche vivida, entendiendo que Malvinas es una herida que sigue sangrando, pero también un símbolo de resistencia, coraje y amor a la patria. La llama de la memoria sigue ardiendo, iluminando el camino hacia un futuro donde Malvinas sea, para siempre, parte esencial de nuestra identidad.