¿Quiénes eran esos valientes extranjeros que, desafiando peligros y distancias, decidieron jugarse la vida por Argentina en la Guerra de las Malvinas? En el corazón del conflicto, más allá de los combates terrestres, se gestó una epopeya marítima protagonizada por hombres de mar, robustos barcos mercantes y un crisol de nacionalidades unidos por un mismo destino. Hoy, rescatamos del olvido el sacrificio silenciado de aquellos héroes extranjeros que se unieron a la Marina Mercante Argentina en 1982.
Un reciente y emotivo acto conmemorativo en la Sindicatura General de la Nación (SIGEN), preludio a los homenajes oficiales, sirvió de escenario para recordar la crucial participación de la Marina Mercante en el conflicto. Entre discursos y melodías, Horacio Guillermo Vázquez Rivarola, director del Museo Marítimo, reveló un dato sorprendente: más de 150 extranjeros formaron parte de las tripulaciones de los buques mercantes argentinos, la única fuerza en la contienda que contó con miembros de otras naciones.
La Marina Mercante Argentina: El salvavidas de las tropas en Malvinas
En aquel convulsionado 1982, cuando la guerra se hizo inminente, el gobierno militar argentino convocó a la Marina Mercante, consciente de su imprescindible capacidad logística para abastecer a las tropas en las islas. Empresas estatales, pesqueras y navieras privadas pusieron a disposición 59 embarcaciones de todo tipo, desde pequeñas lanchas hasta imponentes buques de carga. Estos barcos, tripulados por civiles desarmados, se convirtieron en el cordón umbilical que unía el continente con las Malvinas, transportando armamento, municiones, víveres y todo lo necesario para sostener el esfuerzo bélico.
Como bien señala Vázquez Rivarola, los buques mercantes, al ser una fuente estratégica de transporte y estar desarmados, eran un blanco prioritario en cualquier conflicto bélico. Los aguerridos marinos mercantes, sin embargo, no dudaron en asumir este inmenso riesgo, conscientes de la importancia de su labor para el éxito de la misión.
Entre esos 1.500 marinos, más del 10% eran extranjeros, un porcentaje significativamente mayor al de la población extranjera en Argentina en aquel entonces. Españoles, italianos, paraguayos, bolivianos, uruguayos, chilenos, franceses, libaneses y hasta un japonés se unieron a la gesta, impulsados por un profundo sentido de pertenencia y camaradería hacia sus compañeros argentinos.
Héroes sin fronteras: Manuel Oliveira Insúa y Rafael Luzardo Barrios
La guerra, con su implacable crueldad, se cobró la vida de 16 marinos mercantes argentinos, entre ellos dos ciudadanos españoles: Manuel Oliveira Insúa y Rafael Luzardo Barrios, ambos tripulantes del buque Isla de los Estados. Sus historias, marcadas por la emigración y el profundo amor a su tierra adoptiva, merecen ser contadas y recordadas como ejemplo de valentía y sacrificio.
Manuel Oliveira Insúa, cariñosamente conocido como “Manolo”, nació en Finisterre, La Coruña, en 1934. Tras servir con honor en la Marina Española y ganarse la vida como pescador, emigró a Buenos Aires en 1957, buscando un futuro mejor para él y su familia. Al año siguiente, ingresó a la Prefectura Naval Argentina y se incorporó a la Marina Mercante, donde formó un hogar y echó profundas raíces.
Rafael Luzardo Barrios, por su parte, nació en Las Palmas de Gran Canaria en 1920. Tras combatir con valentía en la Segunda Guerra Mundial, emigró a Argentina en 1949, huyendo de la difícil situación económica que asolaba Europa en la posguerra. En 1955, se unió a la Marina Mercante Argentina, trabajando diligentemente como ayudante de cocina en el Comando de Transportes Navales.
Tanto Manolo como Rafael se enrolaron como voluntarios en el Isla de los Estados, un buque clave en el abastecimiento de las Malvinas. Su inquebrantable valentía y generosa entrega los convirtieron en vecinos queridos y respetados en sus comunidades, dejando una huella imborrable en el corazón de quienes los conocieron.
Isla de los Estados: Una tumba de acero en el Atlántico Sur
El fatídico 10 de mayo de 1982, el buque Isla de los Estados, navegando con estoicismo en el Estrecho de San Carlos, fue detectado por la implacable fragata británica Alacrity. Sin mediar advertencia alguna, el buque argentino fue brutalmente atacado con misiles y cañones, convirtiéndose en una dantesca bola de fuego en medio de la gélida noche.
La tragedia del Isla de los Estados, una de las más dolorosas y menos conocidas de la guerra, se cobró la vida de 16 estoicos marinos mercantes, entre ellos Manolo Oliveira y Rafael Luzardo. Los sobrevivientes, aterrados en medio del caos y el fuego, intentaron evacuar el buque en medio de las gélidas aguas del Atlántico Sur, luchando contra la desesperación y el implacable frío.
Se sabe que Rafael Luzardo, con temple y decisión, logró saltar a una balsa salvavidas junto a su compañero gallego Alfonso López. A Manolo Oliveira, por su parte, lo vieron por última vez en otra balsa, vestido solo con una delgada camiseta. Testimonios de la época relatan que ambos, antes de sucumbir al frío y la oscuridad, gritaron con orgullo un unísono “¡Viva la Patria!”, un grito que resonaría por siempre en la memoria de sus compañeros.
Un legado imborrable: Patriotismo sin fronteras
La historia de los extranjeros en la Marina Mercante Argentina durante la Guerra de las Malvinas es un perdurable testimonio de valentía, solidaridad y compromiso. Hombres y mujeres de diversas nacionalidades, unidos por un mismo ideal, arriesgaron sus vidas en defensa de una causa que sentían profundamente propia, demostrando que el patriotismo no conoce fronteras.
Su legado, aunque silenciado durante demasiado tiempo, merece ser rescatado y reconocido con gratitud. Sus nombres deben quedar grabados en la memoria colectiva como un faro de ejemplo de patriotismo y entrega desinteresada, demostrando que la nacionalidad no es una barrera cuando se trata de defender los valores en los que uno cree fervientemente.
En cada aniversario de la Guerra de las Malvinas, recordemos con respeto y admiración no solo a los soldados que combatieron en las islas, sino también a estos valientes marinos mercantes extranjeros que, con su sangre y su sacrificio supremo, escribieron una página imborrable en la historia de Argentina, una página que clama por ser contada y recordada por siempre.