¿La Matanza, un cementerio de empresas? El éxodo bancario de Santander y Banco Nación es solo la punta del iceberg de una política fiscal despiadada. ¿Hasta cuándo permitiremos que los impuestos exorbitantes ahoguen nuestra economía?
¡Alarma en La Matanza! Impuestos Exterminadores Expulsan Bancos y Ciudadanos
La Matanza, ese inmenso territorio donde las tasas municipales se han convertido en una verdadera guillotina para la iniciativa privada, vuelve a estremecernos con una noticia devastadora. El Banco Santander, harto de ser exprimido como un limón, ha decidido cerrar su sucursal en La Tablada y mudarla a Caseros, en el vecino partido de Tres de Febrero. ¿La razón de esta fuga? Un impuesto de Seguridad e Higiene tan obsceno que supera ¡cuatro veces! los gastos operativos de la sucursal. Una locura que asfixia la economía local y niega el acceso a servicios financieros a los ciudadanos matanceros. ¿Quién podrá defendernos?
Santander vs. La Matanza: Crónica de una Huida Anunciada
El relato es escalofriante. El municipio de La Matanza, con su férrea administración, impone una tasa de Seguridad e Higiene del 7,5% a la actividad financiera. Una cifra que parece sacada de una pesadilla si la comparamos con el 0,6% que se cobra en Tres de Febrero, un oasis fiscal al otro lado de la General Paz. Esta diferencia sideral ha forzado a Santander a tomar una decisión agónica: relocalizar su sucursal para evitar un desangramiento económico que amenazaba con dejarlo en la bancarrota. En números, esto significa que el banco dilapidó 3.700 millones de pesos en 2024 solo para alimentar las arcas municipales, una suma que podría haber irrigado miles de préstamos personales o hipotecarios para impulsar el crecimiento de la región. ¿Es esta la Matanza que queremos?
Testimonio ficticio: “Soy jubilada y cobro mi pensión en el Santander de La Tablada. Ahora, ¿cómo hago para viajar hasta Caseros? ¡Es una vergüenza!” – Doña Rosa, vecina indignada.
Banco Nación: Otro Refugiado Fiscal en Tres de Febrero
Pero la tragedia de Santander no es un caso aislado, sino el síntoma de una enfermedad terminal que carcome a La Matanza. En febrero de 2025, el Banco Nación, otra víctima de la voracidad fiscal, cerró su sucursal en Ramos Mejía y trasladó sus operaciones a Ciudadela, también en Tres de Febrero. ¿El detonante? Unas tasas municipales que superaban los 5.000 millones de pesos en 2024, una cifra demencial que equivalía al costo total de la nómina salarial de 150 trabajadores. Una situación insostenible que obligó a la entidad bancaria a tomar una decisión similar a la de Santander: huir para sobrevivir.
¿Estamos presenciando el certificado de defunción de La Matanza como polo económico? Las altas tasas municipales, la burocracia asfixiante y la inseguridad jurídica se han conjurado para crear un cóctel molotov que expulsa a las empresas y castiga a los ciudadanos. ¿Hasta cuándo permitiremos que estas políticas suicidas sigan demoliendo nuestra economía?
Caputo Clama al Cielo, pero ¿Alguien Escucha en La Matanza?
El ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, consternado por esta debacle, no tardó en alzar su voz a través de las redes sociales. Calificó el caso como un “despropósito” y sentenció que la competencia entre tasas municipales “favorece a los intendentes que cuidan a sus vecinos”. Una verdad irrefutable que deja al descubierto la cortedad de miras de algunos gobernantes locales, más obsesionados con recaudar a cualquier precio que con sembrar las semillas del desarrollo económico y el bienestar de sus ciudadanos. ¿Dónde quedó el sentido común?
Es hora de que los municipios comprendan que la competencia fiscal es una carrera virtuosa que beneficia a todos. Aquellos que ofrezcan un entorno tributario amigable y faciliten la actividad económica serán los que atraigan inversiones, generen empleo y eleven la calidad de vida de sus habitantes. En cambio, los que persistan en estrangular a las empresas con impuestos confiscatorios y laberintos burocráticos solo cosecharán desolación y pobreza. ¿Qué futuro elegimos para La Matanza?
El Relato K vs. la Cruda Realidad: ¿A Quién Benefician Estas Políticas?
Mientras los adalides del “relato K” se desgañitan hablando de justicia social y defensa de los desamparados, sus políticas tributarias confiscatorias terminan ensañándose con los que dicen proteger. Las altas tasas municipales en La Matanza no solo ahuyentan a las empresas, sino que también restringen el acceso a servicios financieros esenciales para los ciudadanos de menores recursos. ¿De qué justicia social nos hablan si les impiden acceder a un crédito para comprar una vivienda, abrir una cuenta bancaria para ahorrar o realizar una transferencia para ayudar a un familiar?
Basta de hipocresía. Es hora de desenmascarar el “relato K” y exhibir la verdadera cara de sus políticas. No se puede hablar de justicia social mientras se asfixia a las empresas con impuestos demenciales y se margina a los ciudadanos de los servicios básicos. La verdadera justicia social reside en crear un ecosistema propicio para la inversión, la generación de empleo y el progreso económico. ¿Entenderán el mensaje?
¿Inclusión Financiera o Impuestos Despiadados? La Contradicción de La Juanita
En medio de este panorama desolador, el Banco Santander mantiene a flote una sucursal de integración social en La Juanita, Gregorio de Laferrere. Una iniciativa encomiable que busca promover la inclusión financiera y brindar acceso a servicios bancarios a personas de segmentos vulnerables. Sin embargo, esta sucursal, a pesar de no generar ganancias y cumplir una función social crucial, también debe pagar una tasa de Seguridad e Higiene del 7,5%. ¿No sería más sensato eximir a este tipo de iniciativas de impuestos confiscatorios y reconocer su invaluable aporte a la comunidad?
Es incomprensible que el municipio de La Matanza siga aplicando impuestos abusivos a una sucursal que tiende una mano a los más necesitados. Esta actitud revela una falta de empatía y una ceguera preocupante. ¿Cómo pretenden fomentar la inclusión financiera si castigan a las entidades que se esfuerzan por tender puentes hacia los excluidos?
La Matanza: ¿Un Municipio Condenado al Fracaso?
El éxodo de empresas y la sequía de inversiones en La Matanza siembran dudas inquietantes sobre su viabilidad a largo plazo. Si el municipio no rectifica su política fiscal y no crea un entorno más favorable para la actividad económica, corre el riesgo de convertirse en un territorio inviable, sumido en la pobreza y el estancamiento. Es imperativo que sus gobernantes tomen conciencia de la gravedad de la situación y actúen con urgencia.
La Matanza atesora un potencial inmenso, pero necesita un cambio de timón radical. Es imprescindible aliviar la presión fiscal, agilizar los trámites burocráticos, garantizar la seguridad jurídica y alentar la inversión. Solo así se podrá revertir la deriva actual y construir un futuro próspero para todos sus habitantes.
El caso de Santander y el Banco Nación son un llamado de atención sobre un problema que amenaza con desangrar a La Matanza. Las altas tasas municipales son un síntoma de una política fiscal despiadada que ahuyenta a las empresas, restringe el acceso a servicios esenciales y condena al municipio a la decadencia. Es hora de que sus gobernantes escuchen el clamor de los ciudadanos y actúen con responsabilidad, antes de que sea demasiado tarde. La Matanza se desangra, ¿quién la salvará?