Hace siete meses, un acto de barbarie sacudió a Argentina: Fabrizia Pegoraro, de tan solo 10 años, fue alcanzada por el gas lacrimógeno durante la represión contra la movilización por la Ley de Movilidad Jubilatoria. ¿Cómo es posible que una niña se convierta en blanco de la violencia estatal? Hoy, la justicia ha solicitado la indagatoria de Cristian Rivaldi, el policía señalado como responsable. ¿Será este el inicio de un camino real hacia la justicia, o simplemente un gesto vacío en un sistema que ampara a los poderosos?
El infierno en las calles: Gas pimienta contra una niña
La imagen de Fabrizia, junto a su madre Carla, con el rostro bañado en gas lacrimógeno, es un crudo recordatorio de la violencia policial. No solo sufrieron daño físico, sino que quedaron marcadas por un terror que ninguna niña debería experimentar. ¿Qué clase de “protección” ofrece un agente del Estado cuando ataca con saña a una menor indefensa? El eco de esta pregunta exige respuestas y justicia.
Tras meses de investigación, el fiscal federal Eduardo Taiano calificó el accionar de Rivaldi como “desmedido e injustificado”, subrayando que Fabrizia y su madre estaban “sentadas en la vía pública sin ejercer ningún tipo de resistencia ni agresión”. Esta descripción oficial pone al descubierto la brutalidad y el abuso de poder que definieron este doloroso episodio.
Pero la indagatoria de Rivaldi es solo el primer paso. El camino hacia la justicia para Fabrizia y su madre es largo y empinado, y requiere que se investigue y sancione a todos los responsables, incluyendo a quienes intentaron encubrir el ataque y difamar a las víctimas desde sus posiciones de poder.
Bullrich: Negación, difamación y revictimización
La respuesta de Patricia Bullrich, entonces Ministra de Seguridad, fue un ultraje. En lugar de investigar el incidente, atacó a Carla, acusándola de “irresponsable y violenta”, revictimizándola y desviando la atención del accionar policial. ¿Cómo puede una ministra, cuya obligación es proteger a los ciudadanos, optar por atacar a una madre y a su hija?
Bullrich y su secretaria de Seguridad, Alejandra Monteoliva, orquestaron una campaña mediática para difundir la mentira de que Fabrizia había sido gaseada por “una manifestante de chaleco naranja”. Una manipulación burda que las pruebas desmintieron rápidamente. El abogado Gregorio Dalbon, representante de Fabrizia y su madre, ha presentado una denuncia contra la ex ministra, solicitando que se la investigue por abuso de autoridad y violación de los deberes de funcionario público. ¿Responderá Bullrich ante la justicia por su rol en este encubrimiento?
“Nos tiraron gas a mamá y a mí, no estábamos haciendo nada. Era una manifestación política, no hicimos nada para que nos tiraran gas, de hecho estábamos sentadas en el piso”, Fabrizia Pegoraro.
El contexto: ¿Por qué tanta represión?
Para comprender la violencia desatada contra Fabrizia y otros manifestantes, es crucial analizar el contexto político. La movilización se produjo en respuesta al veto de la Ley de Movilidad Jubilatoria, una medida que afectaba los ingresos de los jubilados. La protesta social crecía, y el gobierno respondió con una represión brutal. ¿Fue la violencia una estrategia deliberada para silenciar la disidencia?
La represión no se limitó al caso de Fabrizia. El fotógrafo Pablo Grillo resultó gravemente herido en la cabeza durante otra protesta, y Beatriz Blanco, una jubilada de 87 años, también fue agredida por la policía. Estos casos, como señala el abogado Dalbon, revelan un patrón de violencia estatal que no puede quedar impune. ¿Cuántas víctimas más son necesarias para que la justicia actúe con firmeza?
El testimonio de Fabrizia: “Se sentían orgullosas de tirarme gas pimienta”
La voz de Fabrizia es un grito que exige ser escuchado. En su relato, la niña describe el momento en que fue rociada con gas pimienta: “Se sentían orgullosas”. Esta frase revela la crueldad y la inhumanidad de quienes ejercieron la violencia contra ella y su madre. ¿Cómo puede alguien sentir orgullo al atacar a una niña indefensa?
Fabrizia también relató que, antes del ataque, vio a los policías señalarla, como si estuvieran dando la orden de disparar. Un detalle que sugiere que el ataque no fue un hecho aislado, sino una acción premeditada y dirigida contra ella y su madre. La sociedad exige que se investigue a fondo y se castigue a todos los culpables. ¿Quién dio la orden de atacar a Fabrizia? ¿Quiénes son los responsables de esta barbarie?
Más allá de Rivaldi: La cadena de mando y la impunidad
La indagatoria de Cristian Rivaldi es un avance, pero no es suficiente. Es crucial que la justicia investigue a fondo la cadena de mando y determine quiénes fueron los responsables de ordenar y ejecutar la represión. La impunidad de los responsables políticos y policiales envía un mensaje peligroso a la sociedad, alentando el abuso de poder y la violación de los derechos humanos. ¿Hasta dónde llegará la investigación?
Dalbon anticipó que iniciará una demanda civil reclamando por el daño y perjuicio sufridos por Carla y Fabrizia Pegoraro, porque, como bien explica el abogado, es inaceptable el miedo atravesado por la mujer “a que la saquen de la escuela a la hija, a que le saquen la tenencia siendo madre soltera”, luego de la amenaza pública de la ex ministra. ¿Quién resarcirá el daño causado a Fabrizia y su madre?
El miedo como arma: El trauma psicológico
El caso de Fabrizia y su madre también revela cómo el miedo es utilizado como un arma de control. La amenaza pública de Patricia Bullrich contra Carla, buscaba sembrar el terror en la mujer, haciéndola temer por la seguridad de su hija y por su derecho a manifestarse. Es crucial entender el impacto psicológico de este ataque. ¿Cómo se recupera una niña de un trauma así?
El rol de los medios
Es fundamental analizar el papel que jugaron los medios de comunicación en la difusión de información errónea y la revictimización de las víctimas. ¿Cómo podemos asegurar que los medios actúen con responsabilidad y ética en casos de violencia estatal?
Justicia para Fabrizia: Un llamado a la acción
La búsqueda de justicia para Fabrizia es un compromiso de toda la sociedad. No podemos permitir que la violencia estatal se convierta en una práctica habitual. Debemos defender los derechos humanos y exigir que los responsables rindan cuentas por sus actos.
Recordemos el rostro de Fabrizia. Su historia debe impulsarnos a seguir luchando por un mundo donde la violencia y la impunidad no tengan cabida. #JusticiaParaFabrizia
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- Contacta a tus representantes políticos para exigir una investigación exhaustiva del caso.