En la helada noche del 2 de mayo de 1982, Rubén Otero, un joven de 19 años, sintió el estruendo que cambiaría su vida para siempre. A bordo del ARA General Belgrano, en las turbulentas aguas del Atlántico Sur, la guerra se hizo carne. Tras el ataque, vendrían 41 horas de lucha contra el frío, el miedo y la desesperación en una balsa a la deriva. Pero esta no es solo una historia de supervivencia, sino de cómo un hombre transformó el trauma en arte, convirtiéndose en un faro de resiliencia para generaciones.
Del Infierno del Belgrano al Escenario: Un Viaje de Transformación
Rubén Otero no solo sobrevivió al hundimiento del ARA General Belgrano; él renació. Su historia es un testimonio del poder del espíritu humano para superar la adversidad y encontrar un nuevo propósito tras la tragedia. A través del teatro y la música, Rubén no solo procesó su propio trauma, sino que también inspiró a otros a enfrentar sus propias batallas.
El Hundimiento: Un Instante que Define una Vida
El 2 de mayo de 1982, el ARA General Belgrano fue alcanzado por torpedos del submarino británico HMS Conqueror. En cuestión de minutos, el buque se convirtió en un caos. Rubén Otero, entonces un joven marinero, recuerda la confusión y el terror que se apoderaron de la tripulación.
“Estuve 41 horas en una balsa, en medio del océano. Tenía 19 años y cuando salgo a cubierta, el buque ya estaba más inclinado y caminar por la cubierta era como un jabón”
El petróleo cubría la cubierta, haciendo que cada movimiento fuera peligroso. La orden de abandonar el barco llegó en medio de la desesperación. El agua helada y la amenaza de ser succionados por el buque crearon una escena infernal.
En medio de la confusión, Rubén logró llegar a una balsa junto a otros 21 compañeros. Allí, enfrentaron el frío implacable, el hambre y la sed. La solidaridad y el instinto de supervivencia se convirtieron en sus mayores aliados.
En un acto de valentía, Rubén salvó la vida de un compañero que había caído al agua helada. La tripulación luchó incansablemente para mantener la balsa estable y la moral alta. En esas horas interminables, Rubén aprendió a dominar su mente y a encontrar fuerzas que no sabía que existían.
El Rescate: Un Rayo de Esperanza en la Oscuridad
Tras 41 horas de agonía, la esperanza surgió en el horizonte. Un avión avistó la balsa, y la tripulación hizo señales desesperadas con una linterna. La alegría fue inmensa, aunque el rescate tardó en llegar. Pasaron una noche más a la deriva antes de ser rescatados.
El regreso a casa fue un torbellino de emociones encontradas. En su barrio, Rubén fue recibido como un héroe, pero la alegría del reencuentro no podía ocultar las profundas heridas de la guerra.
Muchos de sus compañeros no corrieron con la misma suerte. La estigmatización y la falta de oportunidades laborales sumieron a muchos veteranos en la desesperación, y el suicidio se convirtió en una sombra constante.
Rubén también enfrentó sus propios demonios. El servicio militar continuó después del hundimiento, pero la guerra había dejado una cicatriz imborrable en su alma.
El Arte como Refugio: Sanando Heridas a Través del Teatro y la Música
En medio de la oscuridad, Rubén encontró una luz en el arte. El teatro y la música se convirtieron en sus herramientas para procesar el trauma y compartir su historia con el mundo. Participó en la obra teatral “Campo Minado” de Lola Arias, una experiencia que le permitió explorar sus vivencias en un entorno controlado. Fue con su unipersonal “Seguir a flote” donde encontró su verdadera voz.
“Qué linda, para mí es mucho más que una canción, ya que gracias a una balsa hoy puedo estar aquí con ustedes. Y ahora los voy a invitar a conocer esta balsa, parecida a la que me salvó la vida en el 82. Quiero que vivan e imaginen esta parte de la historia conmigo”
Además del teatro, la música siempre fue un refugio para Rubén. Como baterista de una banda beatle, llegó a consagrarse como la mejor de Latinoamérica. En 2005, tuvo el honor de tocar en The Cavern, el mítico club donde debutaron los The Fab Four.
Para Rubén, la música es un espacio de alegría y creatividad que le permite equilibrar la balanza emocional, un lugar donde la guerra no tiene cabida.
¿Cómo influyó la guerra en tu arte?
La experiencia traumática del hundimiento del Belgrano y las 41 horas en la balsa permearon profundamente el proceso creativo de Rubén. Su arte se convirtió en una forma de canalizar el dolor, el miedo y la incertidumbre que experimentó en esos momentos. Al subir al escenario y compartir su historia, Rubén no solo honra la memoria de sus compañeros caídos, sino que también transforma su propio trauma en un mensaje de esperanza y resiliencia.
Un Legado de Memoria y Resiliencia
La historia de Rubén Otero es un faro de esperanza para quienes han sufrido traumas y pérdidas. Su testimonio nos enseña que, incluso en los momentos más oscuros, es posible encontrar la fuerza para seguir adelante y transformar el dolor en un legado de resiliencia. Rubén nos recuerda la importancia de mantener viva la memoria de Malvinas, de honrar a los héroes que dieron su vida por la patria y de apoyar a los veteranos que luchan por superar las secuelas de la guerra.
En cada función de “Seguir a flote”, en cada nota musical, Rubén Otero sigue compartiendo su historia, invitándonos a reflexionar sobre la guerra, la memoria y la capacidad humana para superar la adversidad. Su legado perdurará en el tiempo, inspirando a las futuras generaciones a construir un mundo más justo y pacífico.
La resiliencia de Rubén Otero trasciende su propia historia, conectando con temas universales como la esperanza, la perseverancia y el poder del arte para sanar. Su vida es un ejemplo de cómo transformar el dolor en un motor para crear, inspirar y construir un futuro mejor.
- Aprender más sobre la historia de Malvinas.
- Apoyar a organizaciones que brindan ayuda a los veteranos.
- Asistir a la obra de teatro ‘Seguir a flote’ de Rubén Otero.
- Compartir este artículo en tus redes sociales para difundir el mensaje de resiliencia.