¿Otra mañana perdida esperando el colectivo? En Córdoba, la odisea del transporte público no da tregua. Unidades que escasean, frecuencias fantasma y la amarga sensación de que el tiempo, el dinero y la paciencia de los usuarios valen menos que un boleto roto. ¿Es esta la “ciudad moderna” que nos prometieron, o la triste radiografía de una gestión que navega a ciegas en una crisis que se agrava con cada día que pasa? La respuesta, lamentablemente, se siente en cada parada.
Ese servicio esencial que debería conectar barrios, facilitar el acceso al trabajo y a la educación, se ha transformado en una pesadilla recurrente para miles de cordobeses. Promesas vacías, optimismo oficial que suena a burla y anuncios rimbombantes de nuevas empresas que se estrellan contra la cruda realidad: la de un colectivo atestado, una espera eterna y un viaje que parece no tener fin.
Passerini y las “mejoras” que solo él ve
¿Vive el intendente Daniel Passerini en una realidad paralela? En sus recientes declaraciones, se atrevió a dibujar un panorama alentador, admitiendo que la semana pasada fue “difícil”, pero asegurando que el servicio “mejoró mucho” gracias a “más coches” y “menores tiempos de espera”, según los datos del Observatorio de Movilidad. Un relato que choca de frente con la indignación de los usuarios, que siguen sufriendo demoras, frecuencias caóticas y un servicio que roza lo inhumano.
Es como si el intendente y los ciudadanos transitaran por universos paralelos. Mientras Passerini proclama “mejoras”, los usuarios se hacinan en colectivos repletos, pierden horas esperando y sienten que sus reclamos se diluyen en el aire. ¿Acaso el Observatorio de Movilidad funciona en una dimensión donde los colectivos se teletransportan y las demoras son cosa del pasado? ¿O será que los datos oficiales son solo un burdo maquillaje para ocultar una realidad mucho más sombría?
¿Y qué decir de la empresa Fam, la flamante prestataria que llegó para “salvar” el transporte urbano? Otro capítulo en esta tragicomedia de desencuentros. Passerini la mantiene “bajo observación”, anunciando que su futuro se decidirá en los próximos días. ¿Acaso esto significa que Fam no está cumpliendo con lo prometido? ¿Que su desempeño es un fiasco? ¿Por qué someter a los usuarios a la angustia de un servicio “en evaluación”, mientras sus vidas siguen pendiendo de un hilo?
Sí Bus: ¿la panacea o un simple curita?
¿Otro anuncio rimbombante para calmar las aguas? Ante la tormenta, el municipio presenta a Sí Bus, la fusión de Intercórdoba y Sarmiento, que operará en los corredores 3 y 8 a partir del 7 de abril, prometiendo “más alivio a los usuarios”. Pero, ¿estamos ante una solución genuina o ante un simple parche para tapar una herida cada vez más profunda?
¿Cuántas veces hemos escuchado esta cantinela? La historia nos demuestra que los anuncios grandilocuentes rara vez se traducen en mejoras concretas. ¿Acaso Sí Bus cuenta con unidades nuevas y suficientes para cubrir la demanda? ¿Acaso se han previsto medidas para evitar que la fusión de empresas genere superposición de recorridos y aún mayores demoras? Las preguntas, como siempre, quedan flotando en el vacío.
Para colmo, Passerini anuncia el envío al Concejo Deliberante de un nuevo marco regulatorio del transporte, “el primer paso hacia la licitación del sistema”. ¿Otro espejismo en el desierto? ¿Otra promesa destinada a evaporarse? Resulta increíble que, después de años de crisis, recién ahora se plantee la necesidad de una licitación. ¿No era acaso una prioridad desde el minuto cero? ¿Por qué tanta demora en tomar una decisión que podría haber evitado gran parte del sufrimiento actual?
La oposición alza la voz: el sistema, al borde del abismo
Mientras el oficialismo se refugia en una realidad maquillada, la oposición denuncia a gritos el inminente colapso del sistema de transporte. Señalan la improvisación, la falta de planificación y la ausencia de un rumbo claro. Critican la eliminación de subsidios nacionales, pero también cuestionan la reducción de aportes provinciales. Exigen transparencia, reglas claras y un sistema que realmente responda a las necesidades de los ciudadanos.
¿Son solo números fríos, o el reflejo de una tragedia anunciada? En 2024, el sistema contaba con 700 unidades, la misma cantidad que en 2011 y 400 menos que en 1994. De esas 700 unidades, el 50% ya había superado su vida útil. Para brindar un servicio digno, se necesitarían al menos mil unidades. ¿Cómo se pretende salir de la crisis con menos colectivos que hace tres décadas?
¿Qué dicen los usuarios? Un relevamiento realizado por un equipo legislativo a fines de 2024 reveló que el 45,7% consideraba que el servicio no había mejorado, mientras que casi el 70% expresaba su descontento con la frecuencia. ¿Son estos los datos que el intendente Passerini decide ignorar? ¿O prefiere seguir aferrado a su propia versión de la realidad, donde todo funciona a la perfección?
¿Hasta cuándo la improvisación?
La crisis del transporte en Córdoba no es un rayo caído del cielo, sino la consecuencia de años de desidia, falta de planificación y decisiones equivocadas. La improvisación parece ser el sello distintivo de una gestión incapaz de encontrar soluciones de fondo. Se anuncian medidas parche, se maquillan los datos, se promete un futuro mejor que nunca llega. Mientras tanto, los ciudadanos siguen pagando las consecuencias de un sistema que se desmorona.
¿Hasta cuándo vamos a tolerar esta situación? Es hora de que el gobierno municipal abandone la improvisación y establezca reglas claras que garanticen un sistema de transporte eficiente, sustentable y acorde a las necesidades de los ciudadanos. Es hora de escuchar a los usuarios, de tomar en cuenta sus reclamos y de implementar soluciones reales. Es hora de que el transporte público deje de ser una tortura y se convierta en un servicio digno para todos los cordobeses.
Como Lucía Paredes, ciudadana comprometida con la justicia social y la calidad de vida, alzo mi voz para exigir un cambio de rumbo. No podemos seguir permitiendo que la improvisación y la falta de planificación sigan perjudicando a miles de cordobeses. Es hora de exigir soluciones concretas, transparencia en la gestión y un transporte público que esté a la altura de una ciudad moderna. No nos resignemos, ¡exijamos lo que nos merecemos!