Córdoba despide a Pablo Dellatorre, el arquitecto de los sueños gastronómicos. Un visionario que no solo construía restaurantes, sino experiencias que despertaban los sentidos. A los 49 años, tras una valiente batalla contra el cáncer, nos ha dejado un legado imborrable, presente en cada espacio que creó, en cada detalle que imaginó para tocar las ‘necesidades del espíritu’.
El legado de Pablo Dellatorre: Un alquimista de espacios
Pablo Dellatorre no era un arquitecto de grandes edificios ni de proyectos monumentales. Su genialidad residía en su capacidad para transformar lugares comunes en experiencias extraordinarias. Como un verdadero alquimista, tomaba callejones olvidados y barrios incipientes, convirtiéndolos en puntos de encuentro, en focos de vida y cultura.
Sus creaciones trascendían lo puramente funcional, apelando a ese anhelo humano de encontrar belleza y placer en lo cotidiano. Sus espacios invitaban a la conexión, a la celebración de los pequeños momentos que dan sentido a nuestra existencia.
Inspiración y filosofía: El viaje que encendió la chispa
Nacido en Olivos, Buenos Aires, pero criado en San Luis, la pasión de Pablo por la gastronomía se despertó durante un viaje iniciático por Europa a los 20 años. Fue entonces cuando supo que quería unir sus dos grandes amores: la arquitectura y el arte de crear experiencias culinarias, fusionando ambos mundos con una sensibilidad única y un talento inigualable.
“Siempre me interesó más perderme por callejones que visitar grandes edificios. Armo el escenario sin importar la obra, tenemos que diseñar escenarios para la buena vida, ya sea para descansar, trabajar o recrearse, y en eso estamos”.
En estas palabras se revela la esencia de su filosofía: crear escenarios para la vida, espacios que vibraran con esos pequeños momentos de felicidad que, sumados, dan sentido a nuestra existencia.
Un recorrido sensorial por sus creaciones emblemáticas
Cada lugar que lleva su sello es una invitación a disfrutar, a compartir, a dejarse envolver por una atmósfera especial. Desde sus primeras obras, como Cundeamor en barrio Jardín, Bar Adentro en barrio Güemes y Rincón Nuestro en Urca, Pablo allanó el camino para la explosión gastronómica de estos barrios, transformándolos en polos de atracción.
En barrio Jardín, su impronta se aprecia en lugares como Kantine, Wollen, la cafetería Tipy y Medialuna Calentitas. En la calle Luis de Tejeda, diseñó espacios tan emblemáticos como Manjatu Pastas, Almacén con Mesas, Pizzería Popular, Ochre y Chui. En barrio Güemes, fue el creador de la Galería Barrio, un espacio que respira arte y diseño en cada rincón. Y en Villa Allende, dejó su huella en Alma de Pueblo, un restaurante que evoca la calidez y la tradición de los pueblos cordobeses.
Matorral, su última gran creación en el Cerro de las Rosas, es un homenaje a “el Nido”, aquella casa emblemática cerca de Potrero de Garay que fue arrasada por los incendios de 2021. En Matorral, el aroma a leña se mezcla con el sabor de la tierra, creando una experiencia que apela a los sentidos y reconecta con lo esencial.
“Nuestro éxito nada tiene que ver con cosas extraordinarias, sino con cosas pequeñas que tratamos de hacer extraordinariamente bien. Aggiornamos rincones de la ciudad, no hacemos grandes edificios, tampoco me siento capaz de hacerlos hoy, pero como la vida misma está hecha de pequeños momentos de felicidad constantes y no sólo de grandes acontecimientos, la ciudad vibra con estos pequeños rincones”, reflexionaba Pablo.
El impacto de Dellatorre en la comunidad cordobesa
El legado de Pablo trasciende la arquitectura. Su enfoque en crear espacios que nutren el alma y fomentan la conexión humana ha transformado la forma en que la gente interactúa con la ciudad. Sus creaciones no solo revitalizaron barrios, sino que también impulsaron la economía local, generando empleo y atrayendo inversión.
Su visión inspiró a otros arquitectos y diseñadores a adoptar un enfoque más humano y sensible en sus proyectos, priorizando la experiencia del usuario y la conexión con el entorno.
Un legado que inspira: El adiós de un maestro
En estos días de luto, la comunidad de Córdoba se une para honrar la memoria de Pablo Dellatorre. Las redes sociales se inundan de mensajes de cariño y gratitud, recordando los momentos vividos en sus espacios, las experiencias compartidas, la magia que impregnaba cada rincón.
Su colega y socio, Gonzalo Viramonte, lo despidió con unas palabras que resumen el sentir de muchos: “Alguna vez pude sentir el aroma de la arquitectura y fue con tus obras. Ese olor que va a quedar marcado para siempre y que hoy está desparramado por todo Córdoba. Un gran artista de sacarle chispas a la vida como pocos, y de cambiárselas a muchas personas. Un distinto irrepetible, con un legado inmenso. Un creador de talentos, ayudándonos siempre a crecer. Te extrañaremos mucho porque aunque tu obra es inmensa, tu persona era más grande”.
Hoy, Córdoba llora la partida de un maestro, de un artista, de un amigo. Pero su obra sigue viva, en cada rincón que transformó, en cada espacio que hizo vibrar. Su espíritu, su pasión por la vida, su capacidad de encontrar belleza en lo simple, seguirán inspirándonos a construir un mundo más humano, más sensible, más lleno de esos pequeños momentos de felicidad que tanto valoraba Pablo Dellatorre.
Comparte tus recuerdos y experiencias en los espacios creados por Pablo Dellatorre. Apoya a la comunidad gastronómica y artística de Córdoba en su honor. Visita sus creaciones y celebra su legado. Adiós, Pablo. Tu luz seguirá brillando en cada rincón de esta ciudad.