¿Te imaginas perder horas de tu día, aglomerado como ganado, llegando tarde a tu trabajo, a tu clase, a tu cita médica? Esto no es una pesadilla distópica, es la realidad cotidiana de miles de cordobeses que dependen del transporte público. Un sistema que se desangra por la falta de control municipal y los constantes recortes, transformando cada viaje en una tortura. ¿Hasta cuándo vamos a seguir permitiendo que nos roben el tiempo y la dignidad?
Córdoba, entre la promesa y el caos: Radiografía de un sistema en crisis
Alguna vez, Córdoba fue un ejemplo de planificación urbana. Hoy, es el reflejo de una gestión que parece haber perdido el rumbo en materia de transporte público. La concejala Elisa Caffaratti, de la UCR, ha levantado la voz contra lo que describe como un “desmantelamiento” sistemático del servicio. Pero, ¿qué hay detrás de estas denuncias? ¿Cómo se llegó a esta situación crítica?
La respuesta es compleja, una mezcla de desidia, falta de inversión y, según denuncian algunos sectores, una preocupante connivencia entre el poder político y las empresas de transporte. Mientras la ciudad crece a un ritmo vertiginoso, el sistema de transporte se contrae, dejando a los usuarios a la deriva.
Para entender la magnitud del problema, basta con analizar un dato concreto: la Ordenanza 12.146, que regula la concesión del transporte urbano, establece que la empresa Grupo FAM (El Quebrachal) debería operar con 322 colectivos en cuatro corredores. Sin embargo, según datos de la concejala Caffaratti, en hora pico circulan apenas 180 unidades. Esto explica las demoras, el hacinamiento y la sensación de caos que experimentan a diario los usuarios. ¿Dónde están los colectivos que faltan? ¿Quién controla que se cumpla la normativa?
Pero la historia no termina ahí. La denuncia de Caffaratti va más allá: la Municipalidad habría reducido la exigencia a 298 unidades, para luego aceptar que la empresa opere con tan solo 220 ómnibus. Una flexibilización que raya lo escandaloso, y que perjudica directamente a los ciudadanos. ¿Por qué se permite este incumplimiento? ¿Qué intereses se esconden detrás de esta permisividad?
“Nos están tomando el pelo. Prometen mejoras, pero la realidad es que cada día viajamos peor. Los colectivos están rotos, tardan una eternidad en pasar y encima nos cobran cada vez más caro.” – Testimonio de María, usuaria del transporte público.
La doble vara: El relato oficial vs. la realidad en las calles
Frente a las críticas y las denuncias, el intendente Daniel Passerini intenta mostrar una imagen diferente. Reconoce que hubo problemas, pero asegura que se están tomando medidas para mejorar las frecuencias. Sin embargo, sus palabras chocan con la cruda realidad que viven a diario miles de cordobeses.
El anuncio de la incorporación de la firma Sí Bus a los corredores 3 y 8, dos de los más demandados, ¿será la solución definitiva? Para muchos, se trata de un simple parche, una medida efectista para calmar las aguas y desviar la atención del verdadero problema: la falta de una planificación integral y una gestión eficiente.
Córdoba necesita una transformación profunda de su sistema de transporte público. No basta con anuncios rimbombantes ni con medidas aisladas. Es necesario un plan estratégico que priorice las necesidades de los usuarios y que garantice un servicio de calidad, seguro y accesible para todos. Un sistema que promueva la movilidad sostenible y que contribuya a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. La pregunta es: ¿está la gestión actual a la altura de este desafío?
¿Cuánto nos cuesta el colapso del transporte?
- Tiempo perdido: Miles de horas desperdiciadas en demoras y esperas interminables.
- Estrés y frustración: Viajes incómodos, hacinamiento y la incertidumbre de no saber cuándo llegará el próximo colectivo.
- Impacto económico: Aumento del ausentismo laboral y escolar, dificultades para acceder a empleos y servicios esenciales.
- Riesgo para la salud: Mayor exposición a enfermedades debido al hacinamiento y la falta de higiene en las unidades.
Cuando el ajuste golpea a los más vulnerables
La crisis del transporte público no afecta a todos por igual. Son los sectores más vulnerables de la sociedad quienes sufren las peores consecuencias. Aquellos que dependen del colectivo para ir a trabajar, estudiar o acceder a la salud, se ven atrapados en un círculo vicioso de pobreza y exclusión.
El costo del boleto representa una parte importante del presupuesto familiar para muchas personas. Las constantes subas, sumadas a la mala calidad del servicio, hacen que cada vez sea más difícil llegar a fin de mes. Además, las demoras y el hacinamiento aumentan el riesgo de contagio de enfermedades, afectando especialmente a niños y adultos mayores.
La falta de transporte público limita el acceso al empleo, la educación y la salud, perpetuando el círculo de la pobreza. ¿Cómo puede una persona que vive en un barrio alejado llegar a tiempo a su trabajo si el colectivo tarda horas en pasar? ¿Cómo puede un estudiante de bajos recursos asistir a la universidad si no tiene dinero para pagar el boleto? Estas son preguntas que exigen respuestas urgentes.
¿Y ahora qué? La hora de la indignación y la acción ciudadana
La situación del transporte público en Córdoba es insostenible. Exige una respuesta urgente de las autoridades municipales, pero también una movilización ciudadana que ponga freno a los recortes y a la falta de control. Es hora de que los cordobeses alcen la voz y exijan un servicio digno, eficiente y accesible para todos.
No podemos seguir tolerando que se juegue con nuestro tiempo, nuestra comodidad y nuestra calidad de vida. No podemos seguir permitiendo que se prioricen los intereses de unos pocos por sobre las necesidades de la mayoría. Es hora de hacernos escuchar y demostrar que no estamos dispuestos a seguir siendo rehenes de una crisis que tiene responsables directos.
La indignación es el primer paso, pero no es suficiente. Necesitamos transformar esa indignación en acción. Participemos en las audiencias públicas, presentemos reclamos, organicemos protestas, hagamos oír nuestra voz en las redes sociales. No nos quedemos de brazos cruzados mientras el transporte público de Córdoba se derrumba ante nuestros ojos.
El poder reside en nosotros, los ciudadanos. Si nos unimos y nos movilizamos, podemos lograr que las autoridades escuchen nuestras demandas y que tomen las medidas necesarias para solucionar esta crisis. No perdamos la esperanza y luchemos por un transporte público que esté al servicio de la gente, no al revés.
Si quieres saber más sobre las acciones que está llevando adelante la municipalidad puedes visitar el siguiente link.