**Ciencia Argentina: ¿Negligencia Estatal o Desmantelamiento Programado?** La asfixia financiera que amenaza con apagar el motor de la innovación. Proyectos paralizados, laboratorios al borde del colapso y un futuro incierto para la investigación en el país. ¿Estamos ante una simple desidia burocrática o ante una política deliberada de desmantelamiento?
El año que la ciencia argentina quedó en terapia intensiva
La ciencia argentina se debate entre la creatividad y la supervivencia. Con un presupuesto ejecutado en 2024 que apenas alcanza el 40% de lo asignado, la falta de fondos ha obligado a paralizar proyectos clave y a poner en riesgo años de investigación. La situación es crítica: los Proyectos de Investigación Científica y Tecnológica (PICT), columna vertebral de la ciencia en el país, se encuentran en un estado de abandono alarmante. Los PICT 2023, que debieron abrir su convocatoria en marzo de 2024, aún no han visto la luz. Y lo que es peor, los subsidios correspondientes a los PICT 2022, ¡con el dinero ya disponible!, siguen sin ser entregados.
Esto se traduce en números concretos: según estimaciones, la falta de financiamiento ha provocado la detención de más de 500 proyectos de investigación en todo el país, impidiendo la publicación de al menos 200 artículos científicos en revistas internacionales. Un golpe devastador para la producción científica nacional.
Cuando la burocracia se convierte en el peor enemigo de la ciencia
El gobierno insiste en que se trata de un simple “problema burocrático”, pero la realidad es que esta justificación no resiste el menor análisis. ¿Cómo se explica que un problema de esta naturaleza lleve más de un año sin resolverse? ¿Acaso la ciencia no es una prioridad para esta administración? La respuesta parece ser un desfinanciamiento estratégico y un “congelamiento” deliberado del sector, tal como denuncian numerosos científicos.
“Desde que asumió el Gobierno cortaron todo el financiamiento”. La frase, contundente, pertenece a Norberto Zwirner, bioquímico e investigador del CONICET. En su instituto, el legado del premio Nobel Bernardo Houssay, el 75% de los grupos de investigación se encuentran sin fondos. La situación es tan grave que pone en riesgo incluso la conservación de material biológico esencial, como líneas celulares modificadas genéticamente utilizadas en investigaciones oncológicas y endocrinológicas.
Creatividad vs. Supervivencia: el dilema de los científicos argentinos
Ante la falta de apoyo estatal, muchos investigadores se ven obligados a recurrir a sus propios recursos para mantener a flote sus proyectos. Insumos básicos, reactivos, material bibliográfico e incluso ¡alimento para los animales de investigación! son costeados de sus bolsillos, comprometiendo su economía personal y su capacidad para dedicarse plenamente a su trabajo. Un verdadero acto de heroísmo en tiempos de escasez.
Radiografía de un laberinto burocrático
Para entender por qué los fondos no llegan a destino, es necesario adentrarse en el intrincado organigrama de la ciencia y la tecnología en Argentina. Un verdadero laberinto de secretarías, subsecretarías y agencias, donde las responsabilidades se diluyen y la burocracia se convierte en un obstáculo insalvable. La Secretaría de Innovación, Ciencia y Tecnología, liderada por Darío Genua, ex Enacom, es el epicentro de este caos organizativo. Pero, en lugar de simplificar los procesos y agilizar la entrega de recursos, parece haberlos enredado aún más.
La Agencia Nacional de Promoción de la Investigación, el Desarrollo Tecnológico y la Innovación, conocida simplemente como “la Agencia”, es otro cuello de botella en el flujo de fondos. A pesar de que gran parte de su financiamiento proviene del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), muchos científicos denuncian que la Agencia subejecuta estas partidas o las mantiene “freezadas”.
El caso testigo: un directorio fantasma
La cereza del postre en este desolador panorama es la inexistencia de un directorio en la Agencia desde hace más de un año. Tras un episodio confuso, donde se aprobaron proyectos sin la debida previsión presupuestaria, los miembros del directorio renunciaron en masa, dejando a la ciencia argentina a la deriva. Sin un directorio que tome decisiones y supervise la gestión de los fondos, la situación se vuelve aún más caótica e impredecible.
¿Hay esperanza para la ciencia argentina?
A pesar del sombrío panorama, la pasión y la resiliencia de los científicos argentinos siguen siendo un faro de esperanza. A pesar de las dificultades, siguen apostando por la investigación y por el desarrollo de soluciones para los problemas que aquejan a nuestra sociedad. Es fundamental que la sociedad civil se movilice para exigir mayor inversión en ciencia y tecnología, para que el gobierno priorice la investigación y para que se simplifiquen los procesos burocráticos.
Es hora de que el gobierno asuma su responsabilidad y deje de lado las excusas. La ciencia no es un gasto, sino una inversión estratégica para el futuro del país. Desfinanciarla y paralizarla es un error garrafal que pagaremos muy caro. Es hora de priorizar la investigación, de simplificar los procesos burocráticos y de garantizar que los fondos lleguen a quienes realmente los necesitan: los científicos argentinos, esos verdaderos constructores de un futuro mejor.
Puedes apoyar la ciencia argentina firmando esta petición y contactando a tus representantes políticos para exigir mayor inversión en investigación y desarrollo.