La educación infantil en Canarias se desangra. Mientras la Consejería de Bienestar Social mira hacia otro lado, las escuelas infantiles se enfrentan a una realidad brutal: falta de recursos, personal al límite y una desigualdad alarmante que hipoteca el futuro de miles de niños y niñas en las islas.
“Nos sentimos abandonadas por los diferentes gobiernos”, denuncia Rosa Elena Bethencourt, educadora infantil en Tenerife. Su grito desesperado resume la situación de centros que, pese a su vocación de servicio, se ven asfixiados por la desidia administrativa.
Personal al límite: Aulas sin apoyo, vocación en peligro
La falta de personal auxiliar es una bomba de tiempo. ‘Estamos solas en el aula, sin ayuda ninguna. Para ir al baño, tienes que llamar a una compañera y esperar a si puede venir’, explica Nazaret Alonso, delegada de Intersindical Canaria en Las Palmas. Esta situación inhumana no solo precariza el servicio, sino que agota física y emocionalmente a las educadoras.
Los comités de empresa llevan años alertando sobre esta situación. Denuncian que la falta de recursos aumenta la carga de trabajo del personal, sin el apoyo adicional necesario. Sus advertencias, sin embargo, chocan contra el muro de silencio de la Consejería de Bienestar Social.
Infraestructuras olvidadas: Fondos desviados, seguridad comprometida
La indignación crece al descubrir que los fondos Next Generation, destinados a modernizar estos centros, se han desviado hacia la creación de plazas en escuelas dependientes de la Consejería de Educación. Una decisión incomprensible que agrava aún más las deficiencias en las infraestructuras.
Según denuncia Nazaret Alonso, existen informes que detallan graves carencias en las escuelas: aulas sin aseos propios, problemas de accesibilidad… ‘Las instalaciones docentes no disponen de las condiciones de accesibilidad exigidas por la legislación’. ¿Acaso los niños y niñas de estas escuelas merecen instalaciones de segunda clase?
Reglamentos inexistentes: Un limbo legal que vulnera derechos
La falta de reglamentos internos es otro síntoma de la dejadez institucional. ‘Necesitamos que se apruebe para tener las funciones definidas por escrito’, exige Nazaret Alonso. Sin un marco regulatorio claro, el personal se enfrenta a la incertidumbre y la arbitrariedad, desconociendo sus derechos y responsabilidades.
Víctor Hernández, representante sindical de CCOO, subraya la necesidad de establecer criterios claros y denuncia el incumplimiento del decreto de educación de cero a tres años. ‘No se entiende que la mayoría de las escuelas estén en Santa Cruz de Tenerife y no se haya aumentado el número en otras islas’, critica.
El futuro en juego: Un llamado a la acción
La situación es crítica, pero no irreversible. El personal de las escuelas infantiles de Bienestar Social se niega a rendirse y exige una inversión real, igualdad de condiciones y el fin de la indiferencia institucional.
Rosa Elena Bethencourth lo resume con claridad: ‘El personal es maravilloso y contamos con una cocina especializada. Nos falta que las escuelas sean totalmente públicas, como en Educación, la figura del auxiliar y mejorar en infraestructuras’.
Desde los sindicatos se insiste en la necesidad de proteger la salud laboral del personal y se denuncia la falta de diálogo con la administración, que se niega a reunirse con los comités de empresa. Un silencio que resulta insultante.
Este periódico ha intentado obtener la versión de la Consejería de Bienestar Social, pero no ha recibido respuesta. Su silencio es una falta de respeto hacia quienes dedican su vida a cuidar y educar a los más pequeños.
Es hora de que la sociedad canaria alce la voz y exija a sus representantes políticos una solución urgente. El futuro de nuestros niños y niñas está en juego. Firma la petición, contacta a tus representantes y exige una educación infantil de calidad. No podemos permitir que la desidia hipoteque su futuro.