¿Está Brasil al borde del abismo? A más de un año del intento de golpe de Estado, la sociedad brasileña se levanta con furia, exigiendo justicia contra el artífice de la conspiración y rechazando de plano la vergonzosa amnistía que busca lavar los crímenes contra la democracia. Esta amnistía, de prosperar, sería un escupitajo en la memoria de los que lucharon por la libertad y un precedente nefasto. Es hora de rugir con indignación y demandar que los culpables paguen por sus actos.
¡Brasil Grita: Bolsonaro a la Cárcel, No a la Impunidad!
Convocadas por movimientos sociales y sindicatos, las manifestaciones sacudieron los cimientos de ciudades clave como São Paulo, Brasilia, Belo Horizonte y Curitiba. La emblemática Avenida Paulista, en São Paulo, se convirtió en un mar de indignación, con miles de personas ondeando pancartas y coreando consignas contra el intento de golpe y la figura de Bolsonaro. Nilza Pereira, secretaria general de la Intersindical Central de la Clase Trabajadora, articuló el clamor popular: “Confiamos en que el Tribunal Supremo condene a Bolsonaro y lo encarcele, junto con todos los autores y cómplices de la tentativa de golpe contra el presidente Luiz Inácio Lula da Silva”. Su voz es el eco de un pueblo que se niega a tolerar la impunidad.
La marcha en São Paulo fue un acto cargado de simbolismo. Los manifestantes marcharon desde la Avenida Paulista hasta una antigua comisaría que sirvió como centro de tortura durante la brutal dictadura militar brasileña (1964-1985). Este acto fue un grito contra cualquier intento de resucitar aquellos tiempos sombríos, glorificados por Bolsonaro y sus seguidores más fanáticos. Elizete San Martín, una jubilada de 68 años, lo expresó con fervor: “Es crucial que no retrocedamos a la era de la dictadura. Seguiremos luchando por la libertad, la democracia y el Estado de derecho”. Sus palabras resuenan como un recordatorio de que la democracia es un tesoro que debemos proteger con uñas y dientes.
El Proyecto de Amnistía: Un Pacto con la Traición
La sed de justicia va más allá del encarcelamiento de Bolsonaro. Los manifestantes también exigieron al Congreso que descarte el infame proyecto de amnistía promovido por el Partido Liberal (PL), liderado por el propio expresidente. Este proyecto busca eximir de culpa a los cerca de 500 condenados por el ataque a Brasilia del 8 de enero de 2023, cuando hordas de fanáticos bolsonaristas invadieron y saquearon las sedes del Parlamento, la Presidencia y el Supremo Tribunal Federal, intentando derrocar al gobierno democráticamente electo de Lula da Silva. ¿Permitiremos que la impunidad campee sobre la democracia?
Dejar que estos criminales escapen de la justicia sería una traición imperdonable. No solo se negaría la reparación a las víctimas del intento de golpe, sino que se enviaría un mensaje aterrador a la sociedad: que atentar contra la democracia queda sin castigo. La base oficialista ha advertido que esta amnistía podría beneficiar al propio Bolsonaro, en caso de ser hallado culpable por la tentativa de golpe. Sería una burla a la justicia y una afrenta a la memoria de los que ofrendaron sus vidas por la democracia.
La magnitud del ataque a la democracia brasileña no puede ser subestimada. Los actos vandálicos y violentos del 8 de enero dejaron una cicatriz profunda en la sociedad y revelaron la fragilidad de las instituciones democráticas. Amnistiar a los responsables sería ser cómplices de la barbarie y sentar un precedente letal. Como sociedad, no podemos permitir que la impunidad se convierta en la norma. ¡No podemos, ni debemos!
Justicia, No Venganza: Un Acto de Reparación
Es vital comprender que exigir justicia no es sinónimo de venganza. La justicia busca sanar las heridas, restaurar el orden y asegurar que estos actos no se repitan. Encarcelar a Bolsonaro y a los responsables del intento de golpe es un acto de justicia, no de venganza. Es un acto esencial para salvaguardar la democracia y proclamar con firmeza: que nadie está por encima de la ley. La democracia no se negocia, se defiende.
El juez instructor del caso, Alexandre de Moraes, ha sentenciado que existen “elementos más que suficientes de materialidad y autoría” para sustentar las acusaciones contra Bolsonaro. Las acusaciones son de una gravedad extrema: abolición violenta del Estado democrático de derecho, intento de golpe de Estado, participación en organización criminal armada, daño calificado y destrucción del patrimonio. Ante tal evidencia, la justicia no puede cerrar los ojos.
Bolsonaro, por su parte, ha negado rotundamente la posibilidad de solicitar asilo político en Estados Unidos. “Cero, cero, cero. Creo que me veo bien aquí. Tengo 70 años, me siento bien y quiero el bien de mi país”, declaró al medio Folha de Sao Paulo. Sin embargo, admitió que, de ser declarado culpable, su condena podría alcanzar los 40 años de cárcel, lo que significaría “el fin” de su vida. Estas palabras revelan que el expresidente es plenamente consciente de la seriedad de las acusaciones que lo acechan.
En la Víspera de un Aniversario que Nos Persigue
Las manifestaciones se llevaron a cabo en la víspera del 61 aniversario del golpe de Estado de 1964, que instauró la dictadura militar brasileña. Esta coincidencia no es fortuita. El intento de golpe de 2023 es un crudo recordatorio de que las amenazas a la democracia siguen latentes y que debemos permanecer vigilantes para defender nuestras libertades. La historia nos exige memoria.
El próximo domingo, Bolsonaro intentará movilizar a sus seguidores en una nueva manifestación en la Avenida Paulista de São Paulo, donde insistirá en la necesidad de la amnistía para lograr la “pacificación” del país. Este nuevo acto es una provocación descarada y un intento de presionar al Tribunal Supremo y al Congreso. No podemos permitir que su discurso de odio y negacionismo siga sembrando la discordia. Debemos responder con movilización y exigencia de justicia. ¡No permitiremos que pisoteen nuestra democracia!
- ¡Cárcel para Bolsonaro!
- ¡Rechazo a la amnistía!
- ¡Defensa de la democracia!
- ¡Justicia para las víctimas del golpe!
La lucha por la democracia en Brasil está lejos de haber concluido. El intento de golpe de Estado y el proyecto de amnistía son una prueba irrefutable de ello. Sin embargo, la movilización popular y la exigencia de justicia son un faro de esperanza. Como sociedad, debemos mantenernos firmes en la defensa de nuestros derechos y libertades. No podemos permitir que la impunidad se convierta en la norma. ¡Cárcel para Bolsonaro y rechazo a la amnistía! Es hora de que la justicia prevalezca. El silencio no es una opción.
No olvidemos que la historia nos enseña que la impunidad es el abono para la repetición de los horrores del pasado. Perdonar a quienes intentaron derrocar la democracia sería un acto de irresponsabilidad histórica y un precedente funesto para el futuro de Brasil. La justicia, en cambio, es un acto de memoria, de reparación y de garantía de no repetición. Es un pacto sagrado con las generaciones presentes y futuras. La memoria es nuestro escudo.
Como ciudadanos, tenemos el deber de informarnos, de movilizarnos y de exigir a nuestros representantes que actúen en defensa de la democracia y de la justicia. No podemos ser indiferentes ante la amenaza que representan el intento de golpe y el proyecto de amnistía. Nuestro silencio sería complicidad. Es hora de levantar la voz y hacer oír nuestro reclamo: ¡Cárcel para Bolsonaro y rechazo a la amnistía! ¡Que retumbe la exigencia de justicia!
El futuro de Brasil está en juego. No podemos permitir que el odio y la intolerancia sigan lacerando a nuestra sociedad. Debemos construir un futuro de paz, de justicia y de respeto a la democracia. Y para lograrlo, es imprescindible que los responsables del intento de golpe rindan cuentas ante la justicia. La impunidad no es una alternativa. La justicia es el único camino. Brasil no se rinde.
“La democracia no es un lecho de rosas. Es una conquista que se defiende cada día con la participación activa de la ciudadanía y la firmeza de las instituciones.”