¿Te has preguntado alguna vez cómo sería percibir el mundo de una manera completamente diferente? Para algunas personas, esta no es una pregunta teórica, sino una realidad cotidiana. Imagina por un momento que tus sentidos te abruman, que las interacciones sociales son un laberinto confuso, pero que, al mismo tiempo, posees una capacidad asombrosa para concentrarte en los detalles, para detectar patrones donde otros solo ven caos, o para expresar tu creatividad de formas únicas y sorprendentes. Esta es la experiencia de muchas personas autistas, y hoy te invito a explorar este fascinante mundo de la neurodiversidad y la inclusión.
En minutouno.com, nos reunimos con investigadoras y becarias del Centro Interdisciplinario de Investigaciones en Psicología Matemática y Experimental Dr. Horacio J. A. Rimoldi del Conicet para adentrarnos en este mar azul y comprender por qué el autismo se considera parte de las conductas neurodiversas.
Desafiando Mitos: El Autismo como Parte de la Neurodiversidad
La **neurodiversidad** celebra la variedad de formas en que los cerebros humanos funcionan y se desarrollan, reconociendo que no hay una única manera ‘correcta’ de pensar, aprender y comportarse. Dentro de esta perspectiva, el autismo no se considera una enfermedad que debe ser curada, sino una variación neurológica que ofrece perspectivas únicas y valiosas. Las personas con autismo pueden tener talentos excepcionales en áreas como las matemáticas, la música, el arte y la lógica, aunque también enfrenten desafíos en la comunicación social y la interacción.
El término neurodiversidad promueve un cambio en la forma en que entendemos y tratamos a las personas con autismo, pasando de un enfoque de déficit a uno de fortalezas. En lugar de centrarnos en “corregir” o “normalizar” a las personas autistas, buscamos crear entornos inclusivos que valoren y apoyen sus diferencias individuales. Esto implica adaptar las prácticas educativas, laborales y sociales para que sean más accesibles y respetuosas con las necesidades de las personas autistas.
Para lograr un cambio real, es fundamental desafiar los mitos y estereotipos que rodean al autismo. Uno de los más comunes es la idea de que todas las personas autistas son iguales o que carecen de emociones. La realidad es que el TEA es un espectro amplio y diverso, donde cada individuo tiene sus propias fortalezas, desafíos y experiencias únicas. Al reconocer esta individualidad, podemos brindar un apoyo más efectivo y personalizado.
El Poder del Diagnóstico: Acceso a Terapias y Derechos Sociales
Como señala Yamila Rubbo, becaria del CIIPME, el diagnóstico “a veces se piensa solo como una etiqueta y, aunque efectivamente lo es, también es algo que puede llegar a ser liberador”. Lejos de romantizar el diagnóstico, pero, hablando de visibilizar, esto es lo que le permite a la persona acceder a terapias y a derechos sociales. Para muchas personas, recibir un diagnóstico de TEA es un paso crucial para comprenderse a sí mismas y acceder a los apoyos que necesitan. El diagnóstico no es solo una etiqueta, sino una herramienta que permite acceder a terapias, servicios y derechos sociales que pueden mejorar significativamente la calidad de vida.
Las terapias para personas con autismo pueden incluir terapia conductual, terapia del habla, terapia ocupacional y terapia social. Estas terapias pueden ayudar a mejorar la comunicación, las habilidades sociales, la autonomía personal y el manejo de las emociones. Además, un diagnóstico formal puede abrir la puerta a adaptaciones en el lugar de trabajo, apoyos educativos y otros servicios que faciliten la inclusión social y la participación en la comunidad.
- Terapia conductual
- Terapia del habla
- Terapia ocupacional
- Terapia social
En muchos países, las personas con autismo tienen derecho a recibir apoyo económico, acceso a la salud y adaptaciones en el sistema educativo y laboral. Sin embargo, estos derechos a menudo no se cumplen plenamente, ya sea por falta de información, discriminación o barreras burocráticas. Es fundamental que las personas con autismo y sus familias conozcan sus derechos y que se movilicen para exigirlos.
Más Allá de la Niñez: El Autismo en la Vida Adulta
A menudo, la conversación sobre el autismo se centra en la infancia y la adolescencia, dejando de lado las experiencias de las personas autistas en la vida adulta. Sin embargo, es crucial reconocer que el TEA no desaparece con la edad, y que las personas adultas con autismo enfrentan desafíos únicos en áreas como el empleo, las relaciones interpersonales y la autonomía personal. Es fundamental poner el foco en lo heterogénea que es la población con esta condición.
Muchas personas adultas con autismo no fueron diagnosticadas en la infancia, ya sea porque los criterios diagnósticos eran diferentes en el pasado o porque sus síntomas no eran evidentes. Estas personas pueden haber pasado años sintiéndose incomprendidas, luchando con la ansiedad, la depresión y la sensación de no encajar en el mundo. Un diagnóstico tardío puede ser un punto de inflexión, brindando respuestas a preguntas de larga data y abriendo la puerta a recursos y apoyos específicos.
Es esencial reconocer que las personas adultas con autismo tienen derecho a una vida plena y significativa, con acceso a las mismas oportunidades que cualquier otra persona. Esto implica crear entornos laborales inclusivos, promover la autonomía y la independencia, y brindar apoyo emocional y social a lo largo de toda la vida. También implica desafiar las actitudes negativas y los prejuicios que pueden limitar las oportunidades de las personas autistas.
Estadísticas Invisibles: La Necesidad de Datos Oficiales en Argentina
En Argentina, como señala el equipo interdisciplinario del CIIPME, la falta de estadísticas oficiales sobre el autismo es un problema grave. Para que existan cifras oficiales debe haber previamente un trabajo censal y que, por el momento, esta inquietud por “indagar en la proporción de población neurodiversa” no formó parte de cuestionario del último censo que se realizó en nuestro país en el año 2022, por lo que ellas trabajan con índices de prevalencia internacionales.
La ausencia de datos precisos dificulta la planificación de políticas públicas, la asignación de recursos y la sensibilización de la sociedad. Sin estadísticas confiables, es difícil dimensionar la magnitud del TEA en Argentina y las necesidades específicas de las personas autistas y sus familias. Esto perpetúa la invisibilidad y la discriminación.
La becaria Sofía Iacobuzio resalta la importancia de obtener datos específicos para cada comunidad, y menciona que el equipo Cognilen está trabajando arduamente para conseguir información representativa de la población autista argentina. Es crucial que el Estado asuma su responsabilidad y realice estudios exhaustivos para recopilar datos sobre el autismo en Argentina. Estos datos deben incluir información sobre la prevalencia del TEA, las características de la población autista, las barreras que enfrentan y los servicios que necesitan. Con esta información, se podrán diseñar políticas públicas más efectivas y asignar recursos de manera más equitativa.
Rompiendo el Silencio: El Autismo en Mujeres y Niñas
Tradicionalmente, el autismo se ha considerado un trastorno predominantemente masculino. Sin embargo, en las últimas décadas, se ha reconocido que las mujeres y niñas con autismo a menudo son infradiagnosticadas, ya sea porque sus síntomas son diferentes a los de los varones o porque se enmascaran mejor en las normas sociales.
Las mujeres y niñas con autismo pueden tener intereses especiales menos típicos, como la literatura o el arte, y pueden ser más hábiles para imitar comportamientos sociales. Esto puede dificultar su detección y llevar a diagnósticos erróneos de ansiedad, depresión u otros trastornos. Es fundamental que los profesionales de la salud estén capacitados para reconocer las características particulares del autismo en mujeres y niñas, y que se utilicen criterios diagnósticos más sensibles al género.
El infradiagnóstico del autismo en mujeres y niñas tiene consecuencias negativas en su acceso a apoyos y servicios. Estas mujeres pueden pasar años sintiéndose incomprendidas y luchando con problemas de salud mental, dificultades laborales y aislamiento social. Un diagnóstico tardío puede ser un punto de inflexión, permitiéndoles acceder a terapias, grupos de apoyo y adaptaciones que mejoren su calidad de vida.
Construyendo un Futuro Inclusivo: El Rol de la Sociedad
La inclusión de las personas con autismo no es solo responsabilidad de las familias y los profesionales de la salud, sino de toda la sociedad. Todos podemos contribuir a crear un entorno más comprensivo y respetuoso, donde las personas autistas se sientan valoradas y aceptadas por quienes son.
Esto implica educarnos sobre el autismo, desafiar nuestros propios prejuicios y apoyar iniciativas que promuevan la inclusión social. Podemos empezar por escuchar las voces de las personas autistas, aprender sobre sus experiencias y necesidades, y adaptar nuestras interacciones para que sean más accesibles y respetuosas.
En el ámbito educativo, es fundamental que las escuelas cuenten con recursos y profesionales capacitados para apoyar a los estudiantes con autismo. Esto implica adaptar el currículo, ofrecer apoyos individualizados y fomentar la inclusión en actividades extracurriculares. En el ámbito laboral, las empresas pueden crear entornos inclusivos ofreciendo adaptaciones razonables, promoviendo la sensibilización y valorando las habilidades y talentos únicos de las personas autistas.
Creo firmemente que la inclusión es un proceso continuo que requiere compromiso, empatía y acción. Al desafiar nuestros propios prejuicios, educarnos sobre el autismo y apoyar iniciativas inclusivas, podemos construir un futuro donde todas las personas, independientemente de sus diferencias neurológicas, tengan la oportunidad de prosperar y contribuir a la sociedad.