¿Estamos dañando el futuro de nuestros hijos? Detrás del Trastorno del Espectro Autista (TEA), que ha ganado visibilidad en las últimas décadas, se esconde una realidad compleja que nos invita a reflexionar sobre la infancia moderna y los factores que influyen en el desarrollo de nuestros niños. ¿Estamos realmente prestando atención a las necesidades de los más pequeños, o los estamos exponiendo a un entorno que puede ser perjudicial para su crecimiento? Sumérgete en este análisis que te hará repensar el mundo que estamos construyendo para las nuevas generaciones.
¡Alerta Autismo! Un Aumento Exponencial que No Podemos Ignorar
Las cifras son alarmantes: en los últimos 30 años, los diagnósticos de autismo han experimentado un ¡aumento del 6000%! Esta explosión de casos ha encendido las alarmas entre los especialistas, quienes urgen a comprender las causas subyacentes de este fenómeno. El reconocido psiquiatra Christian Plebst advierte que este incremento no se debe solo a mejores herramientas de detección, sino que es la punta del iceberg de un problema mucho más profundo.
Para entender esta crisis, debemos reconocer que el autismo es un síndrome conductual con múltiples caminos de origen. Factores biológicos, genéticos, congénitos, ambientales y sociales se entrelazan, influyendo en el desarrollo infantil y elevando el riesgo de dificultades en la integración y el procesamiento sensorial.
Es crucial comprender que un niño con autismo no está ‘fallado’. Simplemente, manifiesta las dificultades que enfrenta al organizar sus experiencias sensoriales y aprendizajes. Abandonemos los prejuicios y enfoquémonos en las necesidades individuales de cada niño, brindándoles un entorno de apoyo y comprensión que impulse su máximo potencial.
La Infancia Digital: ¿Un Peligro Silencioso para Nuestros Hijos?
El debate sobre el auge del autismo ha puesto en el centro de la escena el uso de pantallas en la infancia temprana. Si bien no podemos establecer una causalidad directa, la evidencia científica señala un impacto negativo en el desarrollo infantil, especialmente en aquellos con desafíos en la integración sensorial.
Como explica el psiquiatra Christian Plebst, ‘la tecnología ofrece placer sin esfuerzo, privando al bebé de la experiencia corporal esencial para su aprendizaje’. Las pantallas se convierten en una sobredosis de dopamina sin sentido, como ‘un kilo de azúcar al sistema límbico’, dificultando la conexión mente-cuerpo, la planificación motriz y la conciencia corporal.
Imaginemos un bebé que antes observaba a sus padres cocinar, limpiar, construir… Hoy, muchos niños están entretenidos, pero desconectados de los procesos de aprendizaje fundamentales. Limitar el tiempo frente a las pantallas y fomentar actividades físicas, emocionales y sociales se vuelve imprescindible.
La falta de movimiento libre y la sobre estimulación temprana son otros factores que contribuyen al aumento de diagnósticos de autismo. Bebés en carritos mirando hacia adelante, mientras sus padres, absortos en sus dispositivos, sobrecargan su sistema visual con información, dificultando la integración sensorial.
Acciones Urgentes para Proteger la Infancia:
- Limitar el tiempo de pantalla en la infancia temprana.
- Fomentar actividades al aire libre y en contacto con la naturaleza.
- Promover el juego simbólico y la interacción social.
- Involucrar a los niños en la observación de adultos realizando actividades cotidianas.
Diagnósticos y Tratamientos: ¿Estamos Simplificando Demasiado?
La simplificación de las herramientas diagnósticas y la aplicación de tratamientos generalizados sin considerar la individualidad de cada caso es otro motivo de preocupación. Muchos niños son diagnosticados con cuestionarios superficiales y enviados a terapias automatizadas, ignorando sus necesidades específicas.
Como señala Plebst, ‘no se puede tratar una conducta sin entender su origen’. No se trata de ‘tratar’ el autismo, sino de acompañar al niño en su aprendizaje a su propio ritmo. Cada niño con autismo aprende de manera diferente, exigiendo un acompañamiento personalizado. Evitemos los tratamientos estándar que solo aumentan el estrés, la rigidez y la ansiedad.
Lo que hacemos muchas veces con estos tratamientos estándar es reforzar el estrés del niño, volverlo más rígido, más ansioso.
Un Abordaje Personalizado y Humano: La Clave del Éxito
Todo niño con autismo tiene la capacidad de aprender, pero este proceso depende del entorno que lo rodea. ‘Debemos adaptar el entorno –sensorial, afectivo, motriz, social y cognitivo– a ese niño’, enfatiza Plebst. El error del enfoque tradicional fue intentar adaptar al niño a un modelo rígido, en lugar de construir un entorno que respete su singularidad.
En lugar de exigir ‘normalidad’, comprendamos que cada trayectoria de aprendizaje es única y requiere un acompañamiento a medida. La crianza en comunidad y el acompañamiento respetuoso son el pilar fundamental para abordar este tipo de desafíos.
Comunidad e Inclusión: El Camino Hacia un Futuro Mejor
El aprendizaje florece en entornos comprensivos. ‘El consultorio no es el centro del tratamiento, sino la vida cotidiana en familia, en la escuela, en el barrio’, afirma Plebst. Es crucial visibilizar la sobrecarga que enfrentan padres y madres sin redes de apoyo: ‘Una madre sola no puede sostener esto. La comunidad es indispensable’.
Las escuelas deben recuperar su rol central: ‘Cada aula es un ecosistema. Si no estamos todos, no es educación. Es segregación’, advierte el experto. La inclusión educativa no es un ideal, sino una necesidad urgente: ‘Hoy entendemos que la inclusión es el mejor tratamiento, porque recrea el mejor lugar, los mejores tiempos, los mejores entornos para que ese niño aprenda todo el día’.
Los niños con procesos de aprendizaje diversos deben aprender junto a sus compañeros, con los ajustes necesarios para su perfil de aprendizaje y sensibilidad. La crianza en comunidad, arraigada durante millones de años, se está diluyendo. Recuperar esta crianza colectiva y los entornos compartidos es vital para el aprendizaje genuino de los niños con autismo.
Señales de Alerta Temprana: Acompañando con Sensibilidad, No con Alarmas
Plebst nos llama a la cautela y la profundidad en el diagnóstico temprano. Identificar señales sin generar miedo ni etiquetas, acompañando con sensibilidad. Entre los hitos madurativos, destaca señales que merecen atención por parte de padres y pediatras:
- Reacciona a los sonidos (voz de la madre, ruidos del entorno).
- Establece contacto visual, aunque sea por períodos cortos.
- Sonríe en respuesta a la interacción social (sonrisa social).
- Imita gestos simples (como mover la mano).
- Reacciona a juegos sencillos (como el “cucú” o el “¡hola!”).
- Imita sonidos simples (balbuceos, vocalizaciones).
- Usa gestos para comunicarse (como señalar).
- Reacciona a objetos (alcanza, toca, explora).
- Emite palabras simples para comunicarse.
- Imita acciones simples (como beber de un vaso).
- Responde a su nombre cuando se lo llama.
- Usa frases simples para comunicarse.
- Imita juegos simples (como jugar al escondite).
- Reacciona a objetos y personas de forma apropiada.
El especialista también alerta sobre señales fuera del rango madurativo estándar:
- Falta de balbuceo o movimientos con la mano entre los 6 y 12 meses.
- Ausencia de señalamiento (con la mano o la mirada) hacia los 12 meses.
- Uso de frases copiadas o robotizadas en lugar de lenguaje coloquial.
- Pérdida de habilidades previamente adquiridas antes de los 18 meses.
- Exposición excesiva a pantallas antes de los 2 años.
Un Llamado a la Acción: Reconstruyendo la Infancia, Transformando el Futuro
El auge del autismo es una llamada de atención para nuestra sociedad. ‘Tenemos que parar y ponernos de acuerdo’, urge Plebst. Afortunadamente, todo niño con autismo puede aprender con el tiempo, la modalidad, el ritmo y el proceso de aprendizaje adecuados.
Plebst propone un cambio radical: pasar de un enfoque médico lineal a una comprensión sistémica. ‘Lo que llamamos autismo hoy es la punta del iceberg, el resultado de una acumulación de factores de riesgo y de la dilución de elementos fundamentales en nuestra evolución como especie’.
La desconexión con la naturaleza, la sobrecarga visual, la pérdida del juego simbólico, la crianza sin comunidad y la obsesión con el rendimiento no solo impactan a los niños diagnosticados, sino a toda una generación. ‘El cerebro de un niño no viene para adaptarse a nuestra agenda, sino para decirnos qué necesita. Si no lo escuchamos, dejará de aprender, se desconectará y manifestará conductas que malinterpretamos como ‘trastornos’, cuando son intentos desesperados por autorregularse’.
Dejemos de ver el autismo como un diagnóstico médico aislado y comprendámoslo como un fenómeno social complejo que nos interpela a todos. Menos etiquetas, más comprensión. Menos tratamientos mecánicos, más acompañamiento respetuoso. Y, sobre todo, más comunidad. Solo así construiremos un futuro mejor para nuestros niños.
Más allá de su labor clínica, Plebst impulsa iniciativas sociales impactantes. Como cofundador de Respirar Comunidad y de Beff Blue Elephant Foundation, participa en proyectos como la creación de palcos sensoriales en estadios de fútbol para niños con sensibilidades especiales. Ya se inauguraron espacios en Córdoba y en el estadio de Independiente de Avellaneda, en el marco de la Semana Azul.
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