**Resumen:** Este artículo expone un caso alarmante de acoso incel en la Universidad de Buenos Aires, donde dos estudiantes enfrentan la justicia por hostigar a una compañera en OnlyFans. Revela la misoginia y el odio arraigados en la cultura incel, analiza la complicidad del silencio y examina el papel de las plataformas digitales en la perpetuación de estos abusos. Se insta a la acción para construir espacios más seguros e inclusivos en el ámbito académico y en la sociedad en general.
En los laberintos de la Universidad de Buenos Aires, un caso de acoso emerge para pulverizar los cimientos de la comunidad académica. Dos estudiantes, acusados de hostigar a una compañera que incursionaba en OnlyFans, enfrentan ahora la justicia. Este relato, lejos de ser una simple anécdota, destapa la cloaca de la misoginia y el odio que se esconde en los recovecos de la cultura incel, un fenómeno que, aunque silencioso, corroe los espacios digitales y, lamentablemente, también los físicos.
La serie ‘Adolescencia’ de Netflix, con su trama oscura y perturbadora, ha puesto en el centro de la discusión pública a esta subcultura incel, un caldo de cultivo para hombres resentidos que vierten su frustración y rabia contra las mujeres. Pero más allá de la ficción, la realidad golpea con una crudeza inaudita en los pasillos de la UBA, donde una joven estudiante fue víctima de una campaña de hostigamiento orquestada por sus propios compañeros. ¿Cómo es posible que en un espacio que debería ser sinónimo de conocimiento y progreso, se perpetúen este tipo de agresiones? ¿No es acaso una traición a los valores fundamentales de la educación y la convivencia?
La pesadilla en la Facultad de Ciencias Exactas
La historia se desarrolla en la Facultad de Ciencias Exactas, un lugar que debería ser un faro de innovación y pensamiento crítico. Sin embargo, para esta estudiante, se convirtió en un escenario de terror. Federico J. y Gaspar O. D., dos compañeros de la carrera de Ciencias de la Computación, son los señalados por llevar adelante esta brutal campaña de acoso. ¿Su pecado? Exponer en grupos de Telegram que su compañera era modelo en OnlyFans. A partir de ahí, el infierno se desató, tiñendo de sombras un espacio destinado a la luz del saber.
Los mensajes cargados de violencia, las ofertas degradantes y la exposición pública en redes sociales llevaron a esta joven a abandonar sus estudios y a buscar ayuda psicológica. ¿Qué clase de ser humano es capaz de destruir los sueños y la integridad de otra persona solo por su elección de vida? ¿Cómo es posible que estos individuos se escuden en el anonimato de las redes sociales para cometer actos tan viles? ¿Dónde queda la empatía, la solidaridad, la simple humanidad?
La investigación judicial reveló la existencia de grupos de Telegram como ‘Incels DC UBA’ y ‘Grunt Posting’, verdaderas guaridas de odio donde se planeaban y ejecutaban los ataques contra la estudiante. La jueza Alejandra Provitola, a cargo del caso, no dudó en avanzar con la causa y llevar a los acusados a juicio oral. Se espera que el juicio revele detalles sobre la planificación y ejecución del acoso, y que siente un precedente importante en la lucha contra la violencia digital. Pero, ¿es suficiente con castigar a los responsables directos? ¿Qué medidas está tomando la UBA para prevenir y erradicar este tipo de conductas en sus espacios?
El testimonio desgarrador de la víctima
Aunque la joven prefirió mantener su identidad en reserva, su testimonio en la causa es un grito desesperado por justicia y reparación. Relató cómo descubrió la existencia de los grupos de Telegram y cómo, poco a poco, se convirtió en un blanco de sus ataques. Las burlas sobre su salud, los mensajes obscenos y las amenazas la llevaron a aislarse, a recluirse en un silencio doloroso y a abandonar sus estudios.
Volví a tener ataques de pánico, de a poco fui dejando de ir a la facultad, me volví bastante pesimista, a sentir depresión, a sentir que no pertenezco a los espacios de interés por ser mujer. Empecé a sentir un resentimiento a ser mujer porque no puedo trabajar y estudiar de lo que me gusta, le empecé a tener miedo a los hombres.
Estas palabras, cargadas de dolor y frustración, nos interpelan como sociedad. ¿Qué estamos haciendo mal para que una joven talentosa se sienta obligada a renunciar a sus sueños por el simple hecho de ser mujer? ¿Cómo podemos construir espacios más seguros e inclusivos donde todas las personas puedan desarrollarse libremente? ¿Qué acciones concretas podemos tomar para apoyar a las víctimas de acoso y violencia de género?
Su aislamiento no fue solo físico, sino también emocional y social. Se sintió incomprendida, juzgada y desprotegida. La alegría que antes encontraba en sus estudios se transformó en miedo y angustia. Sus sueños de convertirse en una profesional exitosa se vieron truncados por el odio y la intolerancia. Su historia es un espejo que refleja la cruda realidad de muchas mujeres que sufren acoso y discriminación en el ámbito digital y en la vida real.
La complicidad del silencio
Uno de los aspectos más inquietantes de este caso es la posible complicidad de algunos docentes y compañeros de la Facultad de Ciencias Exactas. La víctima relató que algunos profesores podrían haber visto sus fotos y comentarios en los grupos de Telegram, pero prefirieron guardar silencio. ¿Por qué? ¿Acaso el miedo a represalias o la indiferencia ante el sufrimiento ajeno los paralizó? ¿No es hora de romper el silencio y denunciar estas conductas?
El silencio es un arma poderosa que puede perpetuar la injusticia y el abuso. En este caso, la falta de apoyo y solidaridad por parte de la comunidad académica contribuyó a que la víctima se sintiera aún más vulnerable y desprotegida. Es fundamental que las autoridades universitarias promuevan una cultura de denuncia y protección a las víctimas, para que nadie tenga que pasar por este calvario en silencio. Se necesitan protocolos claros y efectivos para abordar estos casos, así como campañas de concientización para sensibilizar a la comunidad sobre la gravedad del problema.
El rol de OnlyFans en la investigación
La plataforma OnlyFans, a pesar de ser el detonante del acoso, también jugó un papel clave en la investigación judicial. Gracias a la colaboración de la empresa, se pudo comprobar que uno de los acusados, Federico J., era usuario de la plataforma y que, desde allí, también había contactado a la víctima. Esta información, sumada a las pruebas recolectadas en los allanamientos y a los testimonios de los testigos, fortaleció la acusación contra los estudiantes. Es un ejemplo de cómo la tecnología puede ser utilizada tanto para el acoso como para la justicia.
Este caso pone de manifiesto la importancia de que las plataformas digitales colaboren con la justicia en la investigación de delitos y abusos. El anonimato que ofrecen estas herramientas no puede ser un escudo para proteger a los agresores. Es necesario que se implementen mecanismos de control y prevención más eficaces para evitar que las redes sociales se conviertan en un campo de batalla donde se vulneran los derechos y la dignidad de las personas. Se requieren leyes más claras y sanciones más severas para quienes cometen delitos en línea.
¿Justicia para la víctima?
Ahora, Federico J. y Gaspar O. D. enfrentan un juicio oral por los delitos de coacción y hostigamiento digital. Si son encontrados culpables, podrían ser condenados a penas de prisión. Sin embargo, la justicia penal no es suficiente para reparar el daño causado a la víctima. Es necesario que la UBA le brinde apoyo psicológico y académico para que pueda retomar sus estudios y reconstruir su vida. La universidad tiene la responsabilidad de garantizar que la víctima se sienta segura y apoyada en su proceso de recuperación.
Este caso debe ser un punto de inflexión para la UBA y para todas las universidades del país. Es hora de que se tomen medidas concretas para prevenir y sancionar el acoso y la violencia de género en el ámbito académico. La creación de protocolos de actuación, la capacitación de docentes y estudiantes y la promoción de una cultura de respeto y diversidad son algunas de las herramientas que pueden ayudar a construir espacios más seguros e inclusivos para todos. Se necesita un compromiso real y sostenido de todas las partes involucradas.
El largo camino hacia la igualdad
El acoso que sufrió esta estudiante de la UBA es un claro ejemplo de que la lucha por la igualdad de género está lejos de haber terminado. A pesar de los avances logrados en los últimos años, la misoginia y el machismo siguen enquistados en nuestra sociedad, manifestándose de diversas formas y en diferentes ámbitos. Este caso nos recuerda que la igualdad no es solo un objetivo, sino un camino que debemos recorrer juntos, con determinación y perseverancia.
Es fundamental que sigamos trabajando para desterrar estos prejuicios y estereotipos que limitan el desarrollo y la libertad de las mujeres. La educación, la concientización y la denuncia son herramientas clave para construir un mundo más justo e igualitario, donde todas las personas puedan vivir sin miedo y sin ser juzgadas por sus elecciones. Debemos promover una cultura de respeto y empatía, donde la diversidad sea valorada y celebrada.
Este caso nos recuerda que la lucha contra la violencia de género es una tarea que nos compete a todos. No podemos permanecer indiferentes ante el sufrimiento ajeno. Debemos alzar la voz, denunciar las injusticias y trabajar juntos para construir una sociedad donde el respeto y la igualdad sean valores fundamentales. La solidaridad y el apoyo a las víctimas son esenciales para romper el ciclo de la violencia.
Más allá del caso puntual
Si bien este caso particular ha generado una gran indignación, es importante destacar que no es un hecho aislado. El acoso y la discriminación hacia las mujeres en el ámbito digital son una realidad que afecta a miles de personas en todo el mundo. Las redes sociales y las plataformas online se han convertido en un terreno fértil para la proliferación de discursos de odio y comportamientos abusivos. Es crucial abordar este problema de manera integral, con políticas públicas efectivas y una mayor conciencia social.
Es necesario que se tomen medidas urgentes para regular el contenido que se publica en internet y para proteger a las víctimas de la violencia online. Las empresas tecnológicas tienen una gran responsabilidad en este sentido. Deben implementar políticas de moderación más estrictas y colaborar con las autoridades en la investigación de delitos y abusos. La autorregulación no es suficiente; se necesitan leyes y regulaciones claras para garantizar la seguridad en línea.
Además, es fundamental que se promueva una educación digital que enseñe a los jóvenes a utilizar internet de forma responsable y segura. Deben aprender a identificar los riesgos y a proteger su privacidad, pero también a respetar los derechos de los demás y a denunciar cualquier forma de acoso o discriminación. La educación es la clave para construir una cultura digital más segura y respetuosa.
Un llamado a la acción
El caso de la estudiante acosada en la UBA es un llamado a la acción. No podemos permitir que este tipo de situaciones sigan ocurriendo. Debemos unir fuerzas para construir una sociedad más justa e igualitaria, donde todas las personas puedan desarrollarse libremente y sin miedo.
- Denuncia el acoso: Si eres víctima o testigo de acoso, no te quedes callado. Denuncia la situación a las autoridades competentes y busca apoyo en organizaciones especializadas.
- Apoya a las víctimas: Muestra tu solidaridad y empatía hacia las víctimas de acoso. Escúchalas, créeles y ofréceles tu ayuda.
- Participa en iniciativas contra la violencia de género: Involúcrate en campañas de concientización, talleres y otras actividades que promuevan la igualdad y el respeto.
- Edúcate y educa a otros: Aprende sobre la cultura incel y otras formas de misoginia y machismo. Comparte tus conocimientos con amigos, familiares y compañeros.
Es hora de que las autoridades universitarias, las empresas tecnológicas, los medios de comunicación y la sociedad en general tomen conciencia de la gravedad del problema y se comprometan a trabajar juntos para erradicar la violencia de género en todas sus formas. La lucha por la igualdad es una tarea de todos, y no podemos descansar hasta lograr un mundo donde todas las personas sean respetadas y valoradas por igual.
Luchemos por una UBA y una sociedad donde el acoso no tenga cabida, donde la dignidad de cada persona sea sagrada y donde los sueños de nadie sean truncados por el odio y la intolerancia. Juntos, podemos construir un futuro más justo e igualitario para todos.